DOS AMERICANOS EN PARIS

December 18, 2017

Con más de 30 desfiles, aperturas de tiendas y un nuevo perfume, los diseñadores han devuelto la relevancia a la firma francesa Kenzo con su estética californiana deportiva.

 

Son californianos e hijos de inmigrantes. Parte de la ascendencia de Humberto León es china y parte de la de Carol Lim es coreana. Ha llovido mucho desde que se conocieron en la universidad de Berkeley en los 90, mientras cursaban carreras económicas, se mudaron a Nueva York y abrieron una pequeña tienda en el SoHo en el 2002, una tienda que revolucionó la forma de entender la moda de la calle: Opening Ceremony. Con una gran apuesta por diseñadores jóvenes, se enorgullecen de haber sido de los primeros en vender a J.W.Anderson, Carven o Marques d’Almeida. Acompañados siempre por ese halo prescriptor y sus habilidades empresariales, el dúo americano también ha provocado un movimiento sísmico en Kenzo desde que el grupo LVMH anunciase en 2011 su fichaje como directores creativos por esta visión de 360 grados y de largo alcance. Era la primera vez en la historia que dos expertos en retail se ponían al mando de una casa de esa envergadura. Pero el tiempo les ha dado la razón. Con su primera colección, que llenaron la calle de sudaderas del famoso tigre, demostraron que manejaban bien la jerga de las nuevas generaciones de compradores. «Con 33 shows a nuestras espaldas, hemos inyectado savia nueva a la casa, aumentado las ventas, abierto tiendas y lanzado perfumes, como Kenzo World, el primero ciento por ciento nuestro. Somos responsables de una marca, no sólo de una colección. Y una marca es el marketing, la comunicación, la web… y dotar de valor emotivo al producto. Sólo así consigues atraer la atención de los consumidores. Y ese es nuestro objetivo: crear una historia y un estado de ánimo, y ver a la gente viviendo en él», asegura Carol.

 

Llevan mucho tiempo trabajando juntos. ¿Quince años ya?

Carol: Quince años trabajando, pero hace 24 años que nos conocemos.Ha sido un camino largo, media vida.

Humberto: Pero no lo parece. La verdad es que hemos olvidado lo mayores que somos, porque no nos sentimos que haya pasado tanto tiempo. Nos conocimos en la universidad.

 

Si tuvieran que escoger tres momentos de esta biografía conjunta, ¿con cuáles se quedarían?

Humberto: Quizá el primer día que abrimos Opening Ceremony. Más tarde, probablemente, el primer día en que empezamos en la casa Kenzo.

Carol: Y también añadiría cuando nos convertimos en padres, eso fue un gran momento. Humberto tiene gemelas y yo dos hijas. Experimentas tal nivel de amor… Ahí están depositadas todas las alegrías, las esperanzas. Y miedos. No lo cambiaríamos por nada.

 

¿Recuerdan la primera vez que se vieron?

Carol: Fue en la universidad. Mi compañero de habitación iba con Humberto a clase de arte. Llegaron a casa y yo estaba en pijama, eran las once de la noche y se estaban arreglando para salir a bailar por San Francisco. Nos saludamos. Y me preguntó: «¿Por qué no te vienes con nosotros?», a lo que respondí: «Es que es tarde, tengo clase a las ocho y ya estoy en pijama», y él me dijo: «Da igual, ponte unos tacones y vámonos», y me convenció para salir vestida con pijama, unos tacones y estuvimos hasta las cuatro de la mañana.

 

¡Lo de ustedes fue conexión instantánea!

Humberto: Sí, la verdad es que nos hicimos buenos amigos muy rápido. Teníamos un pequeño grupo con el que salíamos todos juntos.

 

Y luego llegó el famoso viaje a Hong Kong, el que fue el origen de Opening Ceremony.

Humberto: Después de la universidad, Carol consiguió un empleo en finanzas, mientras que yo trabajaba en Gap. Pero entonces, en el 2000 me dieron una oportunidad en Burberry y me trasladé a Nueva York. Ese verano Carol vino a verme y me comentó que estaba pensando en mudarse allí. Y tres meses después se trasladó a la ciudad, consiguió un trabajo en moda a una calle el uno del otro. Empezamos a quedar para comer y como llegaron las vacaciones nos dijimos: ‘Vayamos a visitar al amigo que nos presentó a Hong Kong’.

 

Cuando se conocieron, Carol no trabajaba en moda. ¿Cómo terminaron metidos en la industria?

Humberto: Carol trabajaba de compradora, yo era visual merchandiser. Así que cuando abrimos la tienda pensamos: ‘Vale, hemos comprado cosas, pero deberíamos también diseñar otras’. Así fue como empezamos a diseñar las primeras prendas para Opening Ceremony. Mi madre se ha dedicado a la confección durante toda su vida, nos ayudó con la ropa, y la madre de Carol había formado parte del negocio de joyas, así que también nos ayudó a diseñar algunas piezas, y la verdad es que comenzamos en todo ello para parárnoslo bien, con un espíritu muy ‘hazlo tú mismo’. Esa primera colección creció y se convirtió en una gran parte de lo que es la empresa al día de hoy.

En este sentido, Opening Ceremony marcó la diferencia con su atención a los diseñadores emergentes, tan en boga hoy. LVMH acaba de crear un fondo de inversión especialmente dedicado a estas pequeñas marcas. ¿En qué momento deciden centrar la atención en firmas jóvenes?

Humberto: Creo que siempre estuvimos muy interesados en encontrar gente joven que estuviera haciendo cosas diferentes. Unos 600 diseñadores te dirán que la primera tienda que vendió ropa suya fue Opening Ceremony, y esto es súper emocionante, considerando que esta lista incluye a Rodarte, Hood by Air, Alexander Wang, Carven… Muchas de las marcas que hay en Opening Ceremony no son conocidas, y eso es lo bueno. Pero la idea es que en tres o cuatro años sean grandes nombres a nivel global.

Carol: Aquí, en Nueva York, éramos amigos de gente que diseñaba y queríamos crear una plataforma para darles apoyo. Disfrutamos mucho de ese proceso de descubrimiento, y sabíamos que a todos nuestros amigos de la ciudad les encantaría. Además que la situación en 2002 era muy diferentes, la forma en la que comprábamos ropa. Internet ya estaba aquí, por supuesto, pero era algo mucho más primitivo. No es como ahora, que te compras algo, recibes tu caja, te la pruebas, la devuelves. Pero hay que tener claro que son dos soportes diferentes: las tiendas físicas no van a desaparecer, pero tienes que crear una experiencia en ellas.

 

Pasar de elaborar una línea para sus tres tiendas a tomar las riendas de una marca con más de 40 años de historia debe de imponer. ¿Cómo han afrontado el reto de renovar la firma que inventó el 'street style' parisiense?

Humberto: Hemos diseñado durante una década la línea de Opening Ceremony. Es cierto que no fuimos a la escuela de diseño –estudiaron Ciencias Económicas en Berkeley–, pero nos apasiona la moda y nuestro acercamiento a cualquier proyecto es siempre desde un punto de vista lógico. Mi madre trabajaba en una fábrica textil, y la de Carol, en una joyería, y ambas nos enseñaron desde pequeños a hacer un patrón, hilvanar o coser unos bolsillos traseros perfectos. Es algo que siempre nos ha inspirado. Crecimos pensando que podíamos fabricar y hacer cualquier cosa. Carol es capaz de tejer un jersey en un segundo, y yo puedo cortar y coser el abrigo que llevas en dos segundos.

 

Una vez aclarado que no existen obstáculos técnicos ni de diseño, ¿cómo se actualiza a la vez que se hace propio un legado estético tan marcado como el de Kenzo Takada?

Carol: Cuando lanzamos nuestra primera colección, partimos de una premisa: si Kenzo llegara hoy a París, con todo lo que sabemos ahora, con Internet, con el mundo tal y como es hoy, ¿qué haría?

Antes hablaban de sus madres, que son china y coreana, respectivamente.

 

¿Tiene alguna importancia esta conexión asiática con Takada a la hora de afrontar el desafío de dirigir su casa?

Carol: Humberto y yo nunca olvidamos nuestras raíces. Los dos hablamos las lenguas nativas de nuestras madres. Además, crecimos en unos hogares asiático-estadounidenses típicos. Y creo que esto es muy importante, porque Kenzo convirtió su marca en algo muy personal. Debemos hacerla nuestra también y hay ciertas cualidades asiáticas, ciertas formas de hacer y cierta sensibilidad que nosotros transmitimos al proyecto y que pueden servir de nexo entre ambas etapas.

 

A su vez, el despegue de Kenzo fue inmediato. Sus primera colección con las sudaderas del tigre…

Carol: Fue un despegue potente y un muy buen punto de partida hacia donde ha evolucionado la marca. Fue rápido, pero es que nosotros trabajamos rápido. 

 

¿Qué tiene que tener una firma emergente para marcar la diferencia?

Humberto: Un punto de vista. También nos fijamos en la calidad y en el valor de la marca. Somos muy buenos dando feedback.

 

Y el branding, ¿es importante?

Humberto: Sí, por supuesto. Muchas de nuestras marcas, y Kenzo, tienen una comunicación muy fuerte. Pero bueno, eso depende, porque hay marcas que son muy ‘tranquilas’, pero que tienen productos muy apetecibles. Así que creo que cada diseñador tiene su propia forma de trabajar y que, desafortunadamente, no existe una sola fórmula de éxito.

 

¿Gestionar varias tiendas y estar en contacto con el público influye a la hora de diseñar? ¿Su acercamiento comercial al negocio enriquece o limita el proceso creativo?

Carol: Lo más interesante es que mientras estamos diseñando no dejamos de pensar en el consumidor final. Cuando terminamos una pieza nos la imaginamos en la tienda y nos preguntamos si realmente nuestros clientes sentirán el deseo de tenerla. En esa emoción de la compra es en la que pensamos cuando trabajamos. No somos ese tipo de diseñadores a los que no les importa lo que piensen los demás o si su trabajo se vende. Para nosotros, el verdadero lujo significa ser capaces de crear cierta magia sobre la pasarela y luego poder reproducirla y mantenerla en las tiendas. Ese es nuestro objetivo: crear una historia y un estado de ánimo y ver a la gente viviendo en él.

 

Su libertad en el vestir conecta muy bien con el espíritu de Kenzo, una firma abierta, desenfadada.

Humberto: Sobre todo promueve la libertad de pensamiento y defiende que hay una nueva forma de vestir la ropa muy emocionante.

 

¿Cómo ha evolucionado Kenzo?

Humberto: Cuando aterrizamos en 2012 quisimos cambiar el formato de raíz. Nos encontramos con una dualidad en la que los shows eran más costura y en lo comercial era más ropa de calle, así que nosotros quisimos borrarlo todo y modernizarlo, pero recuperando la esencia de Kenzo Takada. Creo que fue la decisión adecuada. Cada temporada hemos evolucionado y cambiado, hemos incluido a multitud de colaboradores, lo que ha hecho que la marca siga viva. Podríamos decir que Kenzo cambia constantemente y evoluciona.

 

Hay algo provocador en que un dúo estadounidense tome las riendas de una 'maison' francesa. Además han declarado que, de la misma firma que Takada llevó sus influencias japonesas a París, ustedes piensan exportar el espíritu americano. ¿Cómo han integrado los referentes californianos en el universo "hippy chic' de Kenzo? 

Carol: Crecimos en los suburbios de Los Ángeles. De hecho, somos unos auténticos mall kids chicos –que se pasan el día en el centro comercial–. Para nosotros, el estilo deportivo es algo natural y queremos introducirlo en la marca, pero de una forma que tenga sentido. Fue realmente revolucionario cuando Kenzo llegó a París y creó el street wear en un momento en el que ese movimiento prácticamente no existía. Y ese es el espíritu que queremos continuar. No se trata de que vayamos a hacer ropa casual y llenar las colecciones de chándales, pero hay prendas que no encajan en la definición tradicional de ropa de vestir o ropa para una ocasión especial que nos resultan muy interesantes y que queremos incorporar. No nos ponemos límites. No tenemos por qué ceñirnos a un estilo o un tipo de prendas. Kenzo lo hacía así, y así es también como trabajamos nosotros.

 

 

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