LA FABBRICA ARTIGIANA

December 22, 2017

Es la caldera donde se gestan gran parte de las colecciones eyewear de las casas de moda más renombradas del mundo. Cavalli, Zegna o Moncler son solo algunas de las marcas que llevan su origen artesanal íntegramente grabado. Una vuelta en redondo a la historia de Marcolin, una fábrica de estilo italiana.

 

 

Tom Ford, Balenciaga, Moncler, Ermenegildo Zegna, Montblanc, Roberto Cavalli, Tod's, Emilio Pucci, Swarovski, Dsquared2, Diesel, Just Cavalli, Covergirl, Kenneth Cole, Timberland, Guess, Harley-Davidson, Marciano, Catherine Deneuve, entre muchas otras más, tienen algo en común: sus líneas de anteojos son realizadas cabalmente en la industria italiana, bajo el alero del Grupo Marcolin. Nacida en 1961, fue Giovanni Marcolin quien fundó la “Fabbrica Artigiana”, en Cadore, Veneto, en el distrito de las ópticas, una fábrica a la antigua usanza que se fue especializando en la realización de varillas para anteojos con laminados de oro, un lujo artesanal del más alto estándar que no había sido visto antes.

Cincuenta y tres años después, en octubre de 2014, con el n de reforzar la posición de la compañía y enfatizar la relevancia del made in Italy como un activo estratégico vital, el Grupo Marcolin adquirió una nueva fábrica en Longarone, Fortogna, duplicando su producción interna hecha en Italia y aumentando el empleo local en la zona. Un verdadero golpe de timón.

 

Marcolin es una de las empresas líderes en la industria óptica alrededor del mundo, con productos de alta calidad, diseño innovador y un enfoque dado por reales artesanos. Además, presenta un crecimiento sostenido en ventas que se repite año a año en cada colección de gafas, los valores de la marca, expresando exclusividad y una oda al encanto. Cada uno de los anteojos desarrollados por Marcolin está hecho con minuciosa atención en los detalles y un alto estándar en sus materias primas. Como lo expresa fervientemente su CEO, Giovanni Zoppas: “No son simplemente accesorios, son íconos atemporales, una esencia de los valores de la marca que nunca pasa de moda”. Tom Ford es uno de los buques insignes de la compañía y el re ejo de lo que esta fábrica de estilo es capaz de hacer. Su primera colección –en 2005– revolucionó la manera de percibir los anteojos y su exitoso modelo Whitney (TF0009) lo ha hecho parte del genialísimo y particular mundo de los anteojos de sol.

 

 

Cuero y madera han sido solo algunos de los ingredientes de estas pócimas de éxito que representan las gafas de Marcolin, como también los eternos metales y acetatos, tan comúnmente usados en esta industria. Según detalla su CEO, “siempre estamos buscando soluciones innovadoras que nos permitan estar a la vanguardia, desde el eco-consciente reciclado que caracterizó el mensaje ambiental de Timberland, hasta las particulares combinaciones de productos en la colección de gafas Ermenegildo Zegna, o los valiosos materiales de Tom Ford. Finalmente, podemos ofrecer a nuestros consumidores productos únicos y exclusivos, que representan el patrimonio de cada marca donde quiera que vayan”.

Al tener grandes marcas, muchas de ellas asociadas al poder más premium de la moda, sus diseñadores están constantemente persiguiendo la excelencia en materiales, como es el caso de sus lentes, que suministran siempre desde los mejores fabricantes. Seguramente, gracias a esta consigna de high quality es que Marcolin ha llegado a vender el año recién pasado más de 14,3 millones de anteojos en el orbe y está proyectando con un optimismo infranqueable un crecimiento de a lo menos un dígito. Porque sin lugar a dudas, el derecho al lujo lo tenemos todos.

 

 

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