EYAL MEYER

December 27, 2017

Cada día su nombre suena con más fuerza. Eyal Meyer dejó de ser una promesa y se convirtió en uno de los talentos que no hay que perder de vista. Sin duda es un multifacético, tal como esta historia de moda que narra lo que el actor mejor sabe hacer: interpretar. 

 

Fotografías: Javiera Eyzaguirre

Edición de moda: Roberto Torres

 

 

La inquietud parece haberlo marcado. Inquietud que desde muy pequeño lo obligó a cuestionarse prácticamente todo. No era de creerse nada fácilmente. Jamás dejarse llevar por lo establecido. Todo tenía que tener un porqué, un sentido, una razón clara para que las cosas fueran de cierta forma. Una cualidad inherente a él y que desde muy temprano lo hizo buscar las respuestas en distintas partes, desde lecturas un poco más densas para su edad hasta largas conversaciones y reflexiones. Lo tildaban de antisistema. “Desde chico me interesaba harto la filosofía oriental, encontraba que el mundo no tenía sentido, de muchas conversaciones muy profundas. Aunque soy muy sociable, también tengo mis espacios de soledad súper fuertes y de aislarme, de poner mis límites. Más reflexivo y analítico”, explica. De familia de ingenieros y médicos, la opción más obvia era que siguiera una carrera más tradicional o por lo menos eso era lo que su entorno esperaba de él. “Como para asegurarme el futuro”, dice. Pero su instinto le decía que lo suyo no iba por ahí y no fue hasta que ingresó a un taller de teatro físico que encontró la respuesta que necesitaba. “A los 16 años andaba en la búsqueda de hacer algo con un amigo hasta que encontramos este taller. Fueron dos semanas y ahí mi vida cambió para siempre. Fue descubrir algo que te motivara, algo para desarrollarte y que te diera energía”. Desde ahí no hubo vuelta atrás. Lo suyo era la actuación y punto. Y tuvo que mantenerse firme, ya que no fueron pocos los intentos de su familia por tratar de hacerlo cambiar de opinión, de hacerle entender que esto era solo algo pasajero o un simple hobby. “Cuando informé se rieron. ‘¿Estás loco?’. Fueron conversaciones largas, meses analizando, donde no había apoyo. Difícil, porque eso te mueve el piso y te hace dudar”, reflexiona en la actualidad. Pero fue su determinación la que los hizo entender que definitivamente era algo que lo apasionaba, para lo que tenía gran talento y que lo hacía feliz.

 

Teatro en la Universidad de Chile lo esperaba y él llegó ansioso por aprender. No solo lo teórico, sino además por absorber nuevas experiencias. Así fue como se inscribió en cuanto taller y seminario encontró, especialmente los relacionados con las técnicas corporales. “Siempre me ha interesado mucho todo lo que sea aprender y desarrollarse. Algo me pasó con la enseñanza actoral, que si bien aprendí mucho con los profesores que tuve y agradezco cada momento, la transmisión que había de la técnica actoral no me hacía sentir muy identificado. Pero finalmente fue bueno, porque me hizo buscar y especialmente por el lado de las técnicas corporales. Dentro de esos estudios, también quería hacer algo que me ayudara a disciplinarme, para sacarme de toda esa carga antisistema”, cuenta. La respuesta llegó de la mano del Kalaripayattu, disciplina milenaria del sur de la India, una práctica de ejercicios que incluye secuencias de combate, pero que, además, desarrolla muchos ámbitos del ser. “Va fortaleciendo lo que vas necesitando y se vuelve un aliado en la vida. Te va ordenando en el camino, algo que yo quería inconscientemente”. Disciplina que nunca más abandonó, que ejercita hasta el día de hoy y que también enseña. 

 

Pero en este proceso de descubrimiento y aprendizaje se dio cuenta de que era necesario complementar toda la teoría de la carrera con la práctica. Desde muy temprano trabajó como asistente de dirección, en muestras de dramaturgia, teatro físico, callejero, musical, danza contemporánea y en uno que otro cortometraje. En esa etapa, todo era bienvenido. “Fue un momento en el que estaba muy abierto a hacer de todo. ‘Necesito experimentar, necesito probar’, me decía… Soy una persona que ha buscado obtener el conocimiento desde la experiencia”. Probó varias cosas, pero algo le pasaba con la televisión. Reconoce que aunque es una persona abierta, en ese minuto tenía cierto prejuicio hacia esa área. Prejuicio que, por suerte, duró poco. “Estaba ante la posibilidad de presentarme a un casting, con la duda de hacerlo o no. Hasta que un día se me acercó un profesor y me dijo: ‘No seái gil, ¡anda a hacer el casting! El día de mañana puedes estar complicado y te puede servir’. Así fue como llegué a Teatro en CHV. Una gran experiencia como primer acercamiento a la televisión”, recuerda. Reconoce que con el tiempo fue madurando, se dio cuenta de que al final la actuación es una y que lo que realmente importa es lograr una interpretación real. “Uno es una especie de canal y los personajes pasan a través de uno. Como actor estoy al servicio de historias, de vidas, de emociones y de sueños que le entregas a la gente, para que tengan un espacio de representación, de inspiración, de cuestionamiento, etc.”. Con esta visión empezó a abrirse al formato audiovisual, lo que le ha permitido explorar en cine, cortos y doblajes, sin dejar nunca de lado el teatro. Pero ha sido en la televisión donde ha conseguido mayor reconocimiento del público, todo gracias a sus participaciones en teleseries como Mujeres de Lujo, de CHV; Soltera Otra Vez y Preciosas, ambas de Canal 13. Hoy está más que entusiasmado con su nuevo rol en La Colombiana, la última producción de TVN. No sólo por su papel, donde interpreta a Igor Ramírez, sino además por la temática que trata. “Es algo súper vigente, más allá de la comedia romántica, es un tema que busca inspirar, motivar, cambiar e incentivar a hacer las cosas de otro modo, para sacar lo mejor de nosotros respecto de la tolerancia frente a la inmigración. Es un reflejo de lo que está pasando, pero además busca proponer una cierta visión” explica este actor de sonrisa generosa que tanto lo caracteriza y que sin duda seguiremos viendo por mucho tiempo más.

 

 

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Asistente de Producción: Jhonatas Jacques

Grooming: Raúl Flores

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