LA MIRADA EN BLANCO Y NEGRO

January 3, 2018

Una exposición en el museo Kunsthal de Róterdam recogió más de 220 instantáneas del fotógrafo alemán, Peter Lindbergh, entre ellas, las míticas imágenes de las supermodelos que consagraron a una generación de tops y revolucionaron la industria de la moda.

 

 

El blanco y negro de sus imágenes cambió la moda para siempre y, con ellas, la vida de un tropel de modelos elevadas más tarde al Olimpo de los dioses. Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Naomi Campbell, Christy Turlington, Eva Herzigova y Linda Evangelista forman parte del elenco de las maniquíes preferidas de Peter Lindbergh (Lissa, Alemania, 1944). Por descontado, todas soñában con ser una de ellas en sus fotos. De hecho, lo quieren seguir siendo. Con camisa blanca, y con cazadora, botas y gorra de cuero. Captadas en blanco y negro, auparon las carreras de una generación de mujeres que dominaron el negocio de la moda. El fotógrafo, al igual que ellas, revolucionó la industria de la moda durante los 80 y los 90 y pasará a la historia por ser uno de los artistas contemporáneos más influyentes. Tienen más cosas en común: ellas sonreían y apostaban por la naturalidad encima de las pasarelas; él creyó en la fotografía en bruto, sin retoques. Algo tan denostado hoy. Esa aspereza y ese gusto por la imperfección viene de la infancia, durante sus años de niño en Duisburgo, donde creció, una pequeña ciudad alemana cerca de la frontera holandesa, con solo fábricas por paisaje. «Debe de ser el lugar más feo del mundo, pero a mí siempre me ha parecido precioso. Cuando vienes de un lugar así, tu imagen de la belleza es distinta a la de alguien que haya crecido en otra parte del mundo más bonita», afirma el genio.

 

Por aquel entonces, la fotografía de moda era lujo trasnochado y glamour obsoleto. Pero entonces llegó Peter Lindbergh. De su cerebro saldría la ocurrencia de introducir la estética del cine expresionista y la textura de la fotografía documental de los años 30 en un mundo tan aparentemente impropio como este. Él fue el único capaz de transformar, con su inconfundible blanco y negro, a Helena Christensen en un personaje de Fritz Lang y a Kate Moss en otro de Dorothea Lange. Lo más sorprendente es que ni siquiera se lo tenga creído. Con más de 70 años sigue en plena forma y no tiene intención de retirarse. Y como prueba oficial, la exposición Peter Lindbergh. A Different Vision on Fashion Photography en el museo de arte Kunsthal de Róterdam (hasta el 12 de febrero de 2017, kunsthal.nl); una colección de más de 220 instantáneas de Lindbergh. La muestra incluye notas personales, guiones gráficos, polaroids, películas y copias de fotos, con las que el centro artístico busca ‘dar una perspectiva única sobre la vida y el trabajo de Lindbergh’.

 

«La exposición no es una cronología sin más de su trabajo, sino una narración en la que se puede descubrir en su universo a través de su mirada única», explica Thierry-Maxime Loriot, su comisario. Aun así, hay imágenes desde 1978 hasta la actualidad y se ha dividido en nueve áreas, entre las que destacan Supermodelos, Baile, El Cuarto Oscuro, Íconos… Como aclara Loriot: «Peter introduce un nuevo realismo en la fotografía. Sus imágenes atemporales redefinen las reglas de la belleza. Su idioma visual es influenciado por la narrativa cinematográfica, por mujeres fuertes, de la femme fatale a la heroína, pero también a la bailarina». Además de los rostros de las supermodelos, también están los de Milla Jovovich, Karen Alexander, Nadja Auermann y Lara Stone, esta última abanderada de la nueva generación. Todas ellas forman parte de una cierta memoria popular y también lo es que sus largas carreras demuestran que se han sobrepuesto a la juventud y la perfección, «dos ideales aterradores», según Lindbergh, quien detesta la era digital que inunda su oficio. «Impide la intimidad con el sujeto retratado. Cuando te gritan desde atrás, en el estudio, que la toma ha sido buena, o mala, estás perdido. Es lo contrario de lo que yo considero una foto», asegura.

 


También ha sido el favorito no solo entre las tops, sino entre cantantes, actores y otras personalidades, como George Michael, a quien inspiró para el videoclip de su tema Freedom! ‘90. El pasado mayo, el alemán afirmó en la revista Art Forum que su particular estilo estaba basado en una idea: la realidad. «Un fotógrafo de moda debe contribuir a definir la imagen de las mujeres y hombres contemporáneos y reflejar cierta realidad humana y social», dijo.

Cuando en 1988 lo llamaron para trabajar para Vogue USA, les respondió con un rotundo no. Lo que hacían en aquel momento era todo lo que a él no le gustaba: reflejar un modelo de mujer con marido millonario y residencia en la Quinta Avenida neoyorquina. La directora de moda de entonces, Carlyne Cerf de Dudzeele, lo convenció al decirle que podría hacer lo que quisiera. Así que Peter le pidió que solo trajera unas camisas blancas a la producción en una playa de Santa Mónica, contrató a modelos desconocidas y las fotografió sin maquillaje. Ni ellas ni el fotógrafo sabían entonces que estaban participando en la sesión de fotos que marcaría un antes y un después en la moda. Cuando regresó a la redacción con las fotos hechas, la directora de la cabecera, Grace Mirabella, no supo qué hacer con ellas. Las rechazó al ir en contra del concepto glamoroso y estático de las páginas. Meses después, las publicó el Vogue británico y esa foto se transformó en una de las más importantes de la década de los 80. Su apuesta por la sencillez y la naturalidad en sus instantáneas le valió posteriormente el título de retratista de la década. Aquella fue una de las primeras portadas en las que el peso recaía sobre el rostro y no sobre el estilismo.

 

 

Pero entonces llegó Anna Wintour a la edición norteamericana y todo cambió. Le dio su primera portada y lo dejó hacer lo que le gustaba. En esa primera serie que hizo para la revista había modelos como Linda Evangelista o Christy Turlington vestidas con camisa blanca y sin una gota de base. Antes de convertirse en lo que son ahora, las imágenes transmitían chicas frescas e independientes. Justamente una de las anécdotas que humaniza un negocio implacable es ese rechazo sufrido por la mítica instantánea de las modelos con la camisa blanca. Según Peter, «hay que tener el valor de ser uno mismo; eso es lo que yo defino como belleza». Cierto.

 

Dos fotos de Nadja Auermann, que acabó sollozando porque cuando eres tan joven no sabes quién eres, y ahí estaba él pidiéndole que le mostrase su yo auténtico, siguen al espectador en una sala forrada hasta el techo con los rostros de sus colegas. Tampoco es una casualidad que Lindbergh sea presentado como un artista por su maestría con las luces y los encuadres. Su proyecto más íntimo, sin embargo, es lo opuesto al relumbrón de la moda.

 

COPYRIGHT: © PETER LINDBERGH COURTESY LINE: COURTESY OF PETER LINDBERGH, PARIS / GAGOSIAN GALERY

 

 

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