NOT A BAKER

January 17, 2018

Tras casi 10 años de estar ligado al mundo financiero, el reconocido banquero austríaco Moritz Fried decidió abandonar su promisoria carrera para dedicarse en exclusiva a fundar Moritz Eis, la heladería que se transformó en la llave para su independencia. Ya con sedes en Serbia, Rumania y Montenegro, y especializado en helados de increíbles sabores 100% naturales, sigue conquistando mercados, incluido el chileno.

 

 

En el año 2003, el austríaco Moritz Fried entraba a trabajar como analista en una de las empresas de servicios financieros más prestigiosas del mundo: JP Morgan. Con una vida estudiantil enfocada en la banca, su carrera profesional lo llevaba por un camino ascendente y en menos de tres años había conseguido llegar a la división de Asset Management de Lehman Brothers. En este punto es donde la historia sufre un vuelco relevante, porque el año 2007 fue reclutado por un private equity con sucursales en Bulgaria, Bucarest y Londres que le encargó la misión de abrir una oficina en Serbia. Se enamoró rápidamente del país, entonces el año 2012 decide abandonar el mundo de las finanzas para crear ahí una tienda de helados boutique, orgánicos y 100% naturales. Así nace Moritz Eis. 

 

Ese mismo año decidió convertir Santiago en la ciudad para que su nuevo negocio se expandiera fuera de Europa, aunque no por iniciativa propia, porque el arribo a nuestro país fue de la mano del ecologista y empresario Douglas Tompkin, quien tras probar sus helados le ofreció abrir una tienda en Sudamérica. Su principal argumento era que el negocio de los helados era estacional, lógicamente funcionando mejor en verano. Entonces, ¿dónde podría estar mientras en Europa bajaban las temperaturas? Chile fue su propuesta y a Moritz le hizo sentido. 

 

Así, en noviembre de 2012 Moritz Eis se instala en Santiago, teniendo entre sus socios a Tompkins, a quien el austríaco había conocido el año 2006 en un viaje a Transilvania. Los dos habían desarrollado un interés y amor por ese lugar de Europa. En parte por su naturaleza virgen y también por la cultura aún viva de sus pueblos medievales. La pérdida de su gran compañero de ruta la define como enorme. “Douglas era una persona que no sólo me abrió los ojos para mirar el mundo, la vida y los negocios desde una perspectiva diferente. Él es la razón por la cual decidimos venir a Chile y se siente una profunda tristeza estar sin él”.

 

 

ABRIENDO CAMINO

Aunque parte del camino estaba pavimentado, la llegada a Chile no estuvo exenta de dificultades. A su modo de ver, las cosas en este país deben presionarse con más fuerza que en otros, “Chile es un mercado muy específico y ser extranjero puede ser una gran desventaja”. Pero lleno de ímpetu y con sus distintivos sabores logró conquistar el mercado local.

 

Si bien las cifras dicen que los chilenos somos los mayores consumidores de helados en Latinoamérica, con ocho litros anuales per cápita, Moritz no está de acuerdo con esto. Para él, estas estadísticas sólo captan el helado producido industrialmente, que por lo general se vende en las grandes cadenas. “Como Chile es muy americanizado, casi todo se compra en grandes supermercados en lugar de pequeñas tiendas de productores artesanales. No tengo dudas de que los argentinos consumen mucho más helado de calidad que los chilenos”. Por lo tanto, ese era su desafío, conquistar el paladar chileno que hasta hace poco no se había enfrentado con un helado de alta calidad. “Me tomó un tiempo educar al mercado y explicar las razones por las que un helado puede ser más caro. Algo que en Europa es fácil, ya que los consumidores están dispuestos a pagar más por un producto de primera calidad”.

 

Con un pedazo de los Balcanes en Santiago fue como esta heladería logró conquistar el mercado chileno, y con productos de una delicada textura en sus más de 20 sabores ciento por ciento artesanales, elaborados con ingredientes naturales como pistachos importados de Turquía, chocolate de Bélgica y hasta calafates traídos directamente desde el sur de Chile. De esta forma, hoy ya cuentan con tiendas en Vitacura y Cachagua, y buscan expandirse próximamente a Pucón y Puerto Varas, fortaleciendo también su presencia en la capital con nuevos locales en Las Condes y El Golf. 

 

Moritz asegura que quienes prueban sus helados vuelven, es por eso que el crecimiento del negocio ha sido bastante expansivo y lo demuestran sus 22 tiendas ya abiertas en cinco países. Sus helados se han hecho conocidos en varios lugares del mundo, recibiendo de manera semanal interesados para franquiciar su cadena. Llamados de Moscú, Nueva York, Dubai, Singapur, Ciudad del Cabo o Sydney han entrado a la lista. Pero a Fried no le interesa.

 

“Mi negocio no es franquiciable, y el mayor impedimento para el crecimiento es el recurso humano interno. Es esencial estar detrás del negocio, siguiéndole el pulso para que éste funcione”. Y es aquí donde también marcan la diferencia. Parte de la apuesta de la compañía está en el staff y el servicio, ya que según Fried, ellos son la identidad de la empresa. Por eso, es común ver sus puestos atendidos por extranjeros. “Durante el invierno europeo enviamos a algunos de nuestros mejores empleados a trabajar a América Latina y viceversa; en el invierno chileno enviamos a los mejores trabajadores chilenos a Europa”, señala Moritz. Esto les asegura un mayor aprendizaje y motivación, ya que como él mismo sostiene, no puede haber gente ofreciendo el producto si no está interiorizado con él y con la compañía.

 

 

 

CAMBIO DE VIDA

Si bien el último año pasó gran parte del tiempo en Chile, su vida se divide entre Santiago, Belgrado, Bucarest y Budapest. Él la define como un constante movimiento, “cada día es diferente, con muchas oportunidades y desafíos por delante”. Atrás quedaron esos días en que el esfuerzo estaba en planificar actividades para el fin de semana. Si bien hoy el motor de su vida es el trabajo, siempre hay tiempo para estar con los amigos, empaparse de cultura y practicar deporte.

 

¿Qué extraña de su vida anterior? “No tener preocupaciones, ya que cuando eres el dueño de tu negocio debes estar tras él y seguirle el pulso día a día para que funcione. La calidad, honestidad y atención en cada detalle son las claves del éxito”.

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