AQUAZZURA... A 10.5 CMS DEL PISO

April 24, 2020

 

 

 

Hace cuatro años, Edgardo Osorio (Cartagena de Indias, Colombia, 1985) decidió arriesgarse y creó su propia firma de zapatos, Aquazzura. El colombiano, de 29 años, dejó el cargo de diseñador de calzado para Roberto Cavalli tras unas vacaciones en Capri. Quería incorporar aquella luz, el estilo de vida y su refinamiento en una caja de zapatos tan azul como el mar que le rodeaba. Así nació Aquazzura, contracción de las palabras agua y azul, en italiano. “Quería hacer una marca que representara un cierto estilo italiano modernizado. La sensualidad, el gusto y la sofisticación de Italia con la latina y el sentido pragmático norteamericano”, confiesa. “Además de dedicarle mi marca a Italia –por eso la bauticé con ese nombre, cuya traducción es agua azul–, mi logotipo quería rendir homenaje a algo latino y por eso escogí una piña. Esta fruta me recuerda a Cartagena, y en dorado, es un amuleto. La idea es que al lucir uno de mis zapatos, lleves un amuleto en tus pies”. No obstante, la idea de aventurarse con su propia firma había empezado a gestarse en Nueva York, justo antes de aquellas vacaciones. Osorio paseaba por unos grandes almacenes y no conseguía encontrar ningún zapato que le gustara. “La palabra comodidad era un tabú. Todo era tremendamente exagerado. Enormes plataformas, diseños súper complicados y recargados. Pensé que alguien debería hacer zapatos más prácticos, delicados y femeninos. Un zapato no es una escultura que se queda inerte en un estante. Cuando te lo pones, debes poder caminar y lograr que la pierna se vea más larga, que te estilice y te haga sentir divina. Mis diseños toman vida cuando te los pones y forman parte de ti. Me gusta la mujer sexy, que se sienta linda. No soy partidario de la moda intelectual. Al final, la gente se quiere comprar un zapato o un vestido para sentirse guapa”. La diferencia con el resto de los artesanos de su gremio es que con los ‘osorios’ “puedes caminar todo el día y bailar toda la noche sin terminar con los pies destrozados”, confiesa quien lleva a un bailarín en su interior. ISSUE VOL.VI El zapatero, en realidad, iba para cirujano plástico. “No era una vocación, era el deseo paterno. Soy colombiano y mi papá y mi familia, como en España, son muy tradicionales, por lo que yo tenía que ser doctor o abogado o ingeniero... Y cuando sugería que lo que a mí me gustaba era la moda, en casa me decían: ‘Eso es un hobbie, hijo, tú tienes que estudiar una carrera’. Así que estuve valorando convertirme en cirujano plástico. Y ahora pienso que, en cierto modo, lo soy: embellezco a las mujeres aunque de una manera menos drástica, sin cortar”. Precisamente este anhelo fue el que le hizo decantarse por los zapatos y no por la ropa o los bolsos o cualquier otra pieza de nuestro clóset. “El zapato consigue como ninguna otra prenda o accesorio levantarte el ánimo al instante”. Y si ya añadimos que creció rodeado de mujeres, que tiene muchas hermanas y que su madre utiliza tacones hasta para estar en casa, su destino estaba más que escrito en las estrellas. Tal vez sea por esto, o por otra alineación de los planetas, que hizo que se dedicase a diseñar calzado femenino. Firme en su decisión desde niño, con apenas cinco años, abarrotaba las páginas de cuadernos con dibujos y bocetos. Ahora, seductor, con una camisa abierta y voz melosa, que salpica su impecable vocabulario colombiano con términos en inglés e italiano que denotan su periplo vital.

 

 

 

Finalizado el colegio y vencida la resistencia familiar, Osorio dejó Colombia con 17 años para estudiar diseño en Inglaterra. Recaló en London College of Fashion y más tarde en Central Saint Martins, la escuela de arte y diseño por excelencia, auténtica incubadora de genios. Pero pronto comenzó a colaborar con el museo Salvatore Ferragamo en Florencia y a hacerse un nombre en el endogámico y tradicional mundo de la zapatería florentina. Su carrera no había hecho más que despegar. Tras una deslumbrante trayectoria y pasar por René Caovilla, con 23 años fue nombrado jefe de diseño de calzado en Roberto Cavalli durante tres años más. Entonces, transcurrida una década trabajando para otros, decidió que había llegado el momento de hacerlo para sí mismo y lo primero que realizó fue estudiar las hormas. “Contacté con un zapatero que llevaba 40 años en el gremio y que es todo un experto en la fisonomía del pie. Él me explicó que cuando te subes a un tacón alto, por regla general, el peso del cuerpo está en la parte delantera. Él proponía distribuirlo y equilibrarlo, repartiéndolo entre el talón, el arco y la planta y no exclusivamente en la punta”, subraya. Aquella información resultó de lo más inspiradora para él y desde entonces su equipo de artesanos no sólo estudia el calzado, también se centra en la estructura. “Nosotros analizamos la ergonomía del pie para construir la horma, de tal forma que la carga se distribuya también entre el empeine y el talón. A partir de eso, nos propusimos encontrar la altura máxima que resultara cómoda y resolvimos que eran 10,5 cm. Pero aún quedaba un detalle más: ponemos una esponja en todas las plantillas para que sea más suave al caminar. Son detalles que sientes pero no se ven al exterior”. El peso dividido en tres áreas, un tacón de 10,5 cm. y una falsa plataforma. Con aquellas ecuaciones Edgardo había dado con la fórmula del éxito.

 

 

La fábula de Aquazzura empieza con una primera colección, la de Primavera-Verano 2012, que constaba apenas de 25 modelos. Era una de tantas nuevas firmas compitiendo por la atención de la prensa internacional durante la Semana de la Moda de Milán. Pero uno de sus diseños, bautizado como Sexy Thing, recaló en los pies adecuados. La estilista Giovanna Battaglia pasó por el espacio donde Osorio presentaba. “Venía de Nueva York, agotada de caminar todo el día con tacones, y me confesó que no podía más con ellos. Le dije: ‘Pruébate estos’. Porque este zapato es como meter el pie en un guante, con un forro de ante suave sobre una almohadilla. Le parecieron tan cómodos que no se los quitó en toda la semana. Y como Giovanna marca tendencia, todo el mundo se lanzó a llamarnos. Sucedió muy rápido”. Además de ese fenómeno que tiene el mismo efecto que la pólvora llamado street style, el diseñador ha conseguido cultivar su propia presencia en la red. “No hubiera sido posible ni tan rápido sin Internet. Las redes sociales han creado un mercado global alucinante: si un zapato se pone de moda en Nueva York, en cinco minutos lo está también en París, Milán, Hong Kong y en todas partes, porque todo el mundo está súper informado y lo quiere ya”. Durante algún tiempo, los zapatos de Edgardo sólo fueron conocidos por las editoras de moda. “Descubrieron lo fáciles que eran de llevar de la mañana a la noche y se volvió como un secreto entre ellas. Yo me fijaba que en los desfiles de moda ¡todas las de las primeras filas llevaban mis zapatos!”. Después empezaron a correrse las voces y las celebrities se lanzaron con entusiasmo a adquirirlos y a lucirlos, entre ellas, su amiga Olivia Palermo, quien ha colaborado para la firma.

 

Desde su cuartel general en la muy bella Florencia, realiza cuatro colecciones al año, una por estación, de 40 modelos cada una; entre colores y otros detalles, unos 150 distintos por temporada. Los increíbles y adorados diseños de Aquazzura mezclan dos conceptos primordiales: la sensualidad latina y el gusto italiano, pero, como él muy bien aclara: “Un ‘italian flavour’ actual, algo así como una ‘dolce vita’ moderna. Mi zapato es sofisticado, elegante y sexy, pero nunca es demasiado”. La gran mayoría se confeccionan en ‘cashmere suede’, un ante muy suave fabricado en Italia y que, al no tener forro, se adapta perfectamente al pie de quien lo calce. El modelo Sexy Thing se mantiene, 10 colecciones después de su nacimiento, como el más vendido. Ha multiplicado los colores de su oferta. Le acompañan fantasías como el Piña Colada y diseños con eróticos trenzados, cadenas y lazos. No obstante, estos guiños sensuales no excluyen el aspecto más manual de su oficio. “Por mucho que defienda la tecnología, me encanta que la zapatería se mantenga como un oficio tan artesanal y tradicional como hace un siglo. Los zapatos se fabrican igual que hace 80 años. En general, la mitad del proceso está elaborado a mano. Todo se hace a ojo. Pero un milímetro marca la diferencia de que sea incómodo. Es muy complejo construir un zapato y por eso también tiene mucho más valor. Todavía están vivas estas personas con dedos mágicos que son un mar de conocimiento y lo que aprendes con ellos no se enseña en ninguna universidad”.

 

 

 

Antes de cumplir los 30, ya ha demostrado que tiene el potencial suficiente para llegar a rivalizar con pesos pesados, como Manolo Blahnik y Christian Louboutin, en el muy reducido olimpo de los zapateros carismáticos, donde los objetos de deseo de afilados tacones son los que crean y levantan pasiones irracionales entre las féminas. “Lo increíble de todo esto es que los zapatos son muy emocionales. Tú llevas un vestido, pero el zapato te lleva a ti. Hay un dicho de Óscar de la Renta que me fascina muchísimo: ‘Camina como si tuvieras a tres hombres que te están siguiendo’, y yo cuando diseño, siempre digo: ‘Con estos zapatos te pueden seguir ¡hasta cinco!”.

 

Fotografías Gentileza Aquazzura.

 

 

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