LORO PIANA, EL EXPLORADOR DE TEJIDOS

May 11, 2020

 

Cada vez que Pier Luigi Loro Piana (Milán, 1951) rememora sus largas travesías en busca de las mejores materias primas del mundo, las revive con intensidad. Sentado en un sofá del Yacht Club Costa Smeralda (Cerdaña) comienza a enumerar locuazmente una retahíla de aventuras textiles por todo el planeta. Mientras su hermano Sergio se caracterizaba por ser el experto en producto, controlando que cada una de las piezas tuviera la máxima funcionalidad en cuanto a diseño, Pigi, como se le conoce cariñosamente entre su equipo (por la abreviación PG), era el que poseía, y aún posee, el espíritu más aventurero. En los últimos tiempos se le podía encontrar escalando las estepas de los Andes con los pastores de vicuña al tiempo que consiguió que Perú recuperase este animal en los años noventa; reuniéndose con los granjeros de Mongolia con el fin de que vendieran por primera vez la finísima lana de la cabra hircus para convertirla en cachemira y con los de Australia y Nueva Zelanda para la lana merino; y viajó a Myanmar, hasta el Lago Inle, en busca de la fibra de la raíz de la flor de loto con la que elaborar sus primeras americanas. Sin duda, su obsesión, desde que entrase en la compañía familiar en 1978, ha sido siempre la de conseguir la mejor fibra del mundo para vestir a clientes tan exquisitos como él mismo. «Nosotros no inventamos nada, sino que tomamos lo mejor que recibimos de mi padre y tratamos de desarrollar y seguir sus directrices», asegura Pier Luigi, vicepresidente de la junta directiva de la compañía cuyo 80% pertenece desde 2013 al conglomerado empresarial LVMH. Loro Piana es un negocio dinámico que cuenta con uno de los mayores complejos de hilanderías y telares del mundo, que en 2012 produjo más de cuatro millones de metros de fibras como lana, cachemira de crías jóvenes, algodón, vicuña y lino. Materiales que se traducen en un activo valioso, demandado no sólo por la industria sino también por los incondicionales fieles. «Hay gente que me muestra el abrigo de cachemira de vicuña de Loro Piana que lleva puesto, que podría tener treinta años. Yo le digo: ‘¡Es estupendo que usted no haya engordado en este tiempo!’».

 

 

Forma la sexta generación de una familia procedente del Trivero (Piamonte) dedicada al comercio de tejidos de lana desde comienzos del siglo XIX. Luego de un largo proceso de industrialización, la empresa se trasladó a Valsesia, y allí se consolidó el Lanificio di Quarona di Zignone & C, y años después Corso Rolandi, en la ciudad piamontesa de Quarona, sede actual de la compañía. Sin embargo no fue hasta 1924 cuando se creó la compañía Loro Piana, que ha llegado hasta nuestros días adaptándose al devenir de los tiempos y siempre bajo la atenta mirada de las normas de estilo de vida que un día fueron selladas a fuego por sus fundadores. Desde aquel lejano 1824 de cuando data el primer documento familiar, Loro Piana no ha dejado de crecer. Generación tras generación ha transmitido su legado de buen hacer y cada miembro de la saga que ha dirigido la empresa ha comprendido desde su más temprana edad cuál es el objetivo principal de la compañía y cuáles son los valores que deben imprimirse en cada pieza que se etiqueta en sus fábricas. La calidad por encima de todas las cosas. Sin compromisos y sin concesiones, es decir, sin dejarse llevar por los dictados de la competencia, del marketing o de la oferta y la demanda, tratando de ser fieles a la calidad para no defraudar a sus clientes. Y es que los clientes de Loro Piana son muy exigentes y están acostumbrados a lo mejor. No se conforman con estar satisfechos, buscan la perfección, el trato individualizado, ese vínculo especial que recuerda a aquel que existía con el taller artesano de antaño.

 

 

Con el objetivo de ofrecer ese servicio exclusivo, Loro Piana ha ampliado su concepto de ‘exclusividad personalizada’ y actualmente además de trajes, prendas de abrigo, punto y tejidos para la decoración de interiores (casas, barcos o aviones) ofrecen a sus clientes la posibilidad de personalizar sus piezas de calzado, bolsos, maletas, camisas, corbatas... y todo fabricado de forma exclusiva en las principales tiendas de Loro Piana del mundo en un plazo de entre uno y tres meses, según lista de espera. Desde Loro Piana se fabrican productos de la forma de siempre, en sus propias instalaciones y con un mimo exquisito. Además escogen minuciosamente el lugar donde van a elaborarse las piezas que salen de sus fábricas, tratando de vincularse siempre con empresas familiares que aseguren cuidados impecables. Pero si hay algo que distingue a Loro Piana de otras empresas del sector desde el principio de los tiempos, es la elección de sus tejidos. En su búsqueda incansable por la innovación, Loro Piana trata de obtener cada vez tejidos más excelentes y para ello lleva a cabo labores de contacto directo con criadores selectos y con materias primas desconocidas.

 

 

Pier Luigi Loro Piana es digno sucesor de la familia y luce con orgullo un apellido que para él representa una gran responsabilidad. «Nos diferenciamos de nuestros competidores por la búsqueda de los mejores tejidos. Investigamos hasta el fondo las posibilidades de los materiales con los que trabajamos. Otra de nuestras fortalezas es que tenemos un control total sobre el proceso de elaboración de todas nuestras prendas, desde la adquisición de la materia prima hasta el producto final. Esto asegura un nivel de supervisión que muy pocas firmas pueden garantizar», explica al tiempo que realza que la creatividad es uno de los aspectos que distingue a la compañía. «Exacto. Tenemos a más de 60 personas que diseñan nuevos productos en diferentes departamentos –la empresa emplea alrededor de 2.500 profesionales en total–. Es caro, pero necesitamos que sea así. Dedicamos entre el 2% y el 3% de nuestras ventas a diseñar nuevos productos. Ese porcentaje no sólo va destinado al salario de estos trabajadores, sino también a los nuevos materiales que emplean. La innovación es fundamental para nosotros». Un ejemplo, con la fibra de la flor de loto, de la cual los artesanos de Myanmar llevan trabajando desde hace más de mil años, sólo confeccionan quince chaquetas al mes. ¿El motivo? Las fibras sólo se pueden trabajar con los telares que emplean estos artesanos del país. Son necesarias cerca de 32.000 flores para conseguir un metro cuadrado de tela. Otro ejemplo, se necesita la lana de 35 vicuñas para un abrigo, y cada vicuña sólo puede ser esquilada una vez cada dos años. O un sólo de sus trajes a medida con lana de Record Bale cuesta 30.000 euros. «Mis clientes me dicen que soy caro, pero cuando prueban mi ropa ya no quieren otra. Nuestro modelo de negocio se centra en apostar únicamente por la calidad como valor absoluto. No estamos interesados en el concepto moda. Nuestro compromiso es buscar la mejor calidad posible, sin importar tanto el precio. Los clientes esperan superproductos que les duren mucho tiempo y esto es algo que se ha reforzado durante la crisis».

 

 

Otra cosa que Pier Luigi heredó de su padre es un desprecio por los artificios de promoción de marca que son ahora comunes en la moda. En lugar de desfiles, campañas publicitarias y colecciones de temporada, la empresa se centra en eventos de marketing discretos, como Piazza di Siena, una competencia europea de saltos que se realiza anualmente en los terrenos plantados de cedros de Villa Borghese en Roma; una regata de súper yates en Cerdeña; y un rally de automóviles de época. «A través de estos gestos nos dirigimos directamente a la gente a la que le gusta lo mismo que a nosotros, en vez de hacer publicidad indiscriminada. Jamás patrocinaríamos la F1 o la Copa América de Vela, porque a esa gente le preocupan más los avances tecnológicos que la pureza del contacto con la naturaleza». Y comienza a fantasear sobre su nueva búsqueda del Santo Grial textil. «Mi camisa es de lino, una materia prima que puede ser tan interesante como la lana. Ya he comenzado a investigar sobre su origen y resulta que el mejor del mundo crece en el norte de Francia, en Normandía». La leyenda exploradora continúa.

 

 

Fotografías gentileza de la marca.

 

 

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