MAGNIFICA EXTRAVAGANCIA

May 20, 2020

 

Fue el 7 de diciembre del año pasado, durante el fin de semana de estreno de Tosca, de Giacomo Puccini, en el Teatro alla Scala, que Doménico Dolce y Stefano Gabbana presentaron su colección de Alta Joyería, un lanzamiento potente y digno de los italianos, que tomó como inspiración a figuras icónicas y poderosas de obras como Aida, Madama Butterfly y, sin ir más lejos, la mismísima Tosca. Sí, es un proyecto ambicioso. Es que la confección de moda y joyas tiene, finalmente, mucho en común. Doménico y Stefano producen una simbiosis feliz. ¡La cultura de la belleza está de fiesta! Una estética imponente, dramática y exclusiva domina un imaginario común, pero, incluso, posee la capacidad de hacerte soñar y caer en los deseos más primarios acerca del lujo y la ostentación. Pero el motivo y los decorados acá no están tomados al azar. Es en los teatros del siglo XIX donde se escribe uno de los capítulos más relevantes en torno a las piedras preciosas. Las joyas majestuosas, coloridas, brillantes y con formas extravagantes se convierten en las protagonistas de los salones de los grandes teatros, porque no solo adornan los atuendos de las mujeres, sino que, además, reflejan en sus piedras la tenue luz de las velas puestas sobre el escenario. Precisamente allí es donde nace la magia de lo ‘precioso’, del esplendor que refulge de ellos.

 

 

Diamantes, esmeraldas, zafiros, oros y oros esmaltados han dado vida a este divino recorrido que Dolce&Gabbana ha llamado ‘Rosa Tieplo’, el que fue presentado en el Palazzo Clerici, propiedad original de los Visconti de Somma Lombardo y adquirido en la segunda mitad del siglo XVII por la familia cuyo nombre aún lleva en la actualidad. Cuenta la historia que durante el siglo XVIII, en los tiempos de la dominación austríaca, los Clerici consolidaron su influencia y su ascenso social hasta el punto de transformar su morada en una de las residencias más suntuosas de Milán. Fue en 1740, cuando Giorgio Antonio Clerici, el miembro más ilustre de la familia, confió a Giambattista Tiépolo la renovación de la bóveda de la sala ceremonial del Palazzo –la que era conocida como la ‘Galería del Tiépolo’–, donde la idea era transmitir la grandeza de una corte principesca como una solemnidad majestuosa acorde al papel de los clérigos que administraban los austríacos. El rosa de Tiépolo llama la atención de inmediato, pero de la misma manera se pierde. Su apariencia es como un destello fugaz, aunque indeleble: una vez visto no se puede olvidar. Ese mismo esplendor inevitable fue el que Dolce&Gabbana intentó transmitir con esta colección de gemas tan raras como grandilocuentes.

 

 

Imágenes Gentileza Dolce&Gabbana.

 

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