JEAN-CHARLES DE CASTELBAJAC: TODO AL TECNICOLOR



Amante de los símbolos pop y la ironía, de los dibujos animados y el slow design, Jean-Charles de Castelbajac rinde un homenaje constante al punto y al arcoíris en cada una de sus propuestas.


La vida de Jean-Charles de Castelbajac (Casablanca, 1949), JC/DC para sus amigos, es como un cuento de hadas, solo que en clave posmoderna. Su padre, Louis de Castelbajac, era un famoso pianista de la corte del rey Mohammed V de Marruecos. Su madre, Jeanne-Blanche, una couturier que vestía a las damas de la alta sociedad de Limoges. “Cuando salí del internado militar en Normandía tenía solo 17 años y estaba particularmente hambriento de color, luz y vida. Llevaba tiempo en un instituto únicamente para chicos, iba a misa cada día, vestía con uniforme... Todo eso en la década de los 60, cuando la gente iba con faldas de flores, camisas hippies y botas en punta al estilo de The Beatles. ¡Yo quería eso!”, dice el diseñador y ahora también director creativo de Benetton. Su familia era una de las más antiguas de Francia, aunque quizá también una de las más pobres. “Eso se lo debemos a la buena vida de mi querido abuelo”, recuerda. Pero él no estaba amargado, “quería conquistar el mundo”, advierte.


Con 18 años fue al vernissage del artista dada Raoul Hausmann y se enamoró de su trabajo con cartón y papel. “Compré dos obras, fui a ver a mi madre y le dije: ‘Estoy inspirado, quiero hacer un abrigo’”, cuenta. Tomaron su vieja manta del internado –“llevaba mis iniciales bordadas”– y la transformaron en una chaqueta patchwork –“como una bandera pirata”– que llegó a las manos de John Lennon. “Esa fue mi primera venta”, dice. No tardó mucho tiempo en convertirse en el chico de moda del jet-set parisino, codeándose y colaborando con el ne plus ultra del arte –Jean-Michel Basquiat y Robert Mapplethorpe– y del diseño –Kenzo, André Courréges y Vivienne Westwood–.


En 1974, los New York Dolls, la mítica banda de rock, tocaron en su debut como artista. Por entonces también lanzó ‘Jesus Jeans’, una línea de vaqueros con una campaña firmada por el fotógrafo Oliviero Toscani, que causó escándalo. Su fama de enfant terrible cruzó el charco y en 1976 una novel, Farrah Fawcett, lo llamó para que la asesorara en su debut en ‘Los ángeles de Charlie’. “Le pregunté a Farrah qué era lo que más le gustaba en la vida y me respondió: ‘Jugar tenis y hacer jogging’. Entonces, tomé su ropa deportiva y la achiqué hasta dejarla extra small. Así nació su look de ángel sexy. La pobre ni siquiera podía cerrarse las sudaderas”, dice.


Desde que crease su propia marca en 1978, su estilo colorido e infantil, inspirado en los dibujos animados –Hello Kitty, Snoopy y Mickey Mouse–, la literatura –Oscar Wilde y Arthur Rimbaud– y la cultura pop –Andy Warhol– ha seducido a Mick Jagger, Elton John, Madonna –quien llevó uno de sus abrigos de osos de peluche como una declaración contra el uso de pieles de animales– e, incluso, al Papa Juan Pablo II. En esa oportunidad, el Pontífice lo eligió para diseñar las togas con los colores del arcoíris, inspirados en la historia del Arca de Noé, de 500 obispos y 5.000 sacerdotes para la Jornada Nacional de la Juventud de 1997, en París. “Me quedo con la magia que he vivido. Siempre he sido un niño, muy vinculado a mi infancia, y gracias a esta industria he mantenido esa emoción. Por eso, cuando el fotógrafo Oliviero Toscani me llamó en su día y me preguntó si estaba preparado para una aventura junto a Luciano Benetton, me reactivé. Supe que esta casa era la horma de mi zapato”. Con su amor por los materiales reciclados, el color primario y la iconografía histórica de la etiqueta como ejes centrales.


¿Eres un abanderado en tecnicolor?

Ningún tono tiene copyright, yo los utilizo todos para unir a las personas. Y estoy en una firma que ya su propio nombre es una declaración de intenciones: United Colors of Benetton. Quiero crear un país multicolor y que su capital sea Benettown. Cuando estuve internado, mi madre me enviaba objetos llenos de tonalidades vibrantes para combatir la paleta austera del colegio.


¿Ahora crees que estás en el mejor patio de juegos?

Ahora estoy en casa: el ADN del producto, el uso cromático, la tecnología... Todo encaja. Me siento como Charlie en la fábrica de chocolate. Además, mi afinidad no es solo estética, también social. La gente quiere salir de su zona de confort y ser su propia comisaria. Nosotros diseñamos con ellos en la mente. Por ejemplo, la canción de The Rolling Stones ‘This all together’ habla muy bien de estas raíces.


¿Cómo lo valoras?

Ha sido como convertirme en arqueólogo, revisando el ADN de la marca. Me gusta la ironía con que se emplea el color en el punto, así que no tardé en sumergirme en esa narrativa.


Cuando colaboraste antaño con el fotógrafo Oliviero Toscani, ¿fue él quien te empujó fuera de tu zona de confort?

Oliviero y yo somos como hermanos. Entonces, constantemente salíamos de nuestra zona de confort normal. Vamos en el crepúsculo. Amamos la creatividad sin temor a lo que la gente piense. Siempre fue complicidad con Toscani.


¿Cómo el arte entra en esta visión?

La potencia de sembrar y cultivar no es de naturaleza solo vegetal. Crear te convierte en...



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