APRENDE AQUI A ELEGIR TU LIMPIADOR




Es bien sabido que una rutina básica de cuidados de la piel, incorpora como un primer paso la limpieza. Es vital para mantener un cutis sano que realicemos una limpieza diaria, de día y de noche, principalmente para retirar la grasa que se acumula en nuestra piel, las partículas contaminantes del ambiente que se adhieren, y de esta manera, dejar que nuestra piel respire, que el proceso regenerativo sea lo más "expedito posible" y que la piel esté preparada para recibir, de la mejor manera posible, los productos que nos aplicaremos para su cuidado y mantención.


Entre la gama de limpiadores que hay disponible, gel, espuma, líquidos, en crema, los que mejor resultado tienen son los que actúan con agua, pues dejan la piel más limpia y sin residuos de otro producto que haya que retirar. Sin embargo, entre los productos en gel, el mercado dispone de varios que son muy agresivos y que, nosotros sin saberlo, dañan la barrera de la piel.


Por eso debemos ocupar limpiadores con un tensoactivo no irritante, además de ingredientes protectores de la capa lipídica de la piel. Según la firma, The Chemist Look, los tensoactivos son los ingredientes responsables de limpiar y suelen causar irritación. La irritación crónica causa envejecimiento prematuro y ocasiona problemas en la barrera protectora de la piel2. Debido al menor costo de los tensoactivos clásicos y más agresivos, varios productos terminan incluyéndolos en sus fórmulas. Si bien limpian bien, arrasan también con parte de la estructura de la piel. Remueven lípidos del Stratum Cornueum (capa más superficial), lo que irrita y se traduce en una sensación de piel tirante. El ejemplo más claro de este tipo de tensoactivos irritantes son el SLS (Sodium Lauryl Sulfate) y el SLES (Sodium Laureth Sulfate). Ambos limpian bien y son muy económicos. Por eso, se encuentran en muchísimos productos (desde detergentes hasta limpiadores faciales y shampoos). Son los responsables de la espuma que se forma. El problema es que son súper agresivos. Por ejemplo, son los culpables de cómo nos quedan las manos luego de lavar los platos sin guantes varias veces seguidas. Esto es a causa de que tienen carga negativa (son aniónicos) lo que les permite interactuar con las cargas que tienen los lípidos de nuestra piel, y alterarlos. Además de ser aniónicos, el SLS y el SLES tienen un tamaño que los vuelve particularmente problemáticos: logran penetrar en la estructura del colágeno y desarmarlo.


Esto es lo que debemos evitar y para ello la solución es utilizar TENSOACTIVO NO IÓNICO, para evitar el daño, porque no tiene carga ni negativa ni positiva, lo que le impide interactuar con la estructura de la piel. Así, limpia y remueve el sebo y la suciedad, sin afectar los lípidos. Para encontrar nuestro favorito, ingresa ACÁ.


Fotografía Archivo @Issue.

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