CHARLOTTE OLYMPIA

January 9, 2019

 

Con el estampado animal, la cara de un gato y el espíritu de los años 50 como señas de identidad, las bailarinas y los slippers de la diseñadora Charlotte Olympia Dellal visten los pies más trendy a nivel mundial. 

 

Por: Claudia Saiz

 

Si tenemos en cuenta que la telaraña de su logo está sacada de una de sus novelas preferidas de la infancia –‘La telaraña de Carlota’, de E.B. White–, no es de extrañar que Charlotte Olympia Dellal (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1981) se aventurase, tras presentar su firma homónima en 2008, con una línea infantil un lustro después. En aquel momento, redujo el tamaño de seis de sus diseños más representativos, con los slippers de terciopelo y las bailarinas con estampado de leopardo como insignia, y lanzó la colección Incy, nombre que recibe de la nana tradicional inglesa Incy Wincy Spider. “Aún conservo mis primeros zapatos, de cuando tenía dos años, y que mis cuatro hijos también han usado. Además, colecciono los que ellos han llevado; me recuerdan que una vez fueron pequeños”, dice la diseñadora, afincada en Londres. Y es que el universo del calzado es, aparte de su negocio, su pasión. “Tengo demasiados pares. Guardo la mayoría en almacenes, aunque en mi clóset hay una pared dedicada a ellos. Allí he reunido alrededor de 200, que forman parte de la decoración. Me gusta verlos, no solo ponérmelos”, admite quien viste los pies de Alexa Chung, Blake Lively, Elle Fanning y Emma Watson, entre otras estrellas.

 

Olympia es hija de la top brasileña Andrea de Magalhaes Vieira, que desfiló en los 70 para Yves Saint Laurent y Valentino, y el magnate inmobiliario Guy Dellal. Sus hermanos son Alex, galerista, comisario y marido de Elisa Sednaoui, y Alice, modelo y la imagen más irreveraente de Chanel en los últimos tiempos. ¿Cómo se reconoce su mundo creativo? Por sus llamativas señas de identidad: la estética de las pin-ups y las divas de Hollywood de la década de los 50, las siluetas del mundo marino y el estampado animal. 

 

¿Recuerdas los zapatos de tu primera cita con tu marido, Maxim Crewe?

Eran rojos. Hay algo en ese color que me hace sentir completamente especial. También tenía el pelo rojo. Zapatos rojos, cabello rojo, vino tinto... ¡Imagínate cómo fue la cita!

 

Te iniciaste en el ‘ready-to-wear’ y acabaste en accesorios. ¿Qué te empujó a cambiar de rumbo?

Cuando decidí estudiar en el London College of Fashion, deseaba centrarme en la ropa, pero mi tutor se dio cuenta de que lo mío eran los complementos. Porque ‘accesorizaba’ cada uno de los looks que dibujaba. Terminé graduándome en Cordwainers, un centro especializado en calzado artesanal.

Nada más tener a tu primer hijo, Ray, te aventuraste con la primera colección bajo tu firma, Charlotte Olympia. ¿Cómo fue ese momento? Empezar un negocio y una familia a la vez da vértigo y, al mismo tiempo, significa que ambas cosas van de la mano. Los dos son tu vida. Es cierto que, en aquella época, los cuatro abuelos residían cerca de nosotros para ayudarnos. 

 

Sin embargo, ahí no termina el asunto. Cuando nació Ike, en 2013, tu tercer hijo, presentaste la línea infantil. ¿Te lo pedía la situación?

Una etiqueta debe estar en continua expansión y aquel era el paso más lógico. Mis diseños de por sí son divertidos y alegres, y trasladar este ADN a una versión XS fue algo fácil y natural.

 

Incluso adaptaste a su talla los slippers, uno de tus modelos icono.

Es que realmente son un básico, en especial para el día a día de las madres que tenemos cuatro pequeños.

 

La relación entre las mujeres y los zapatos es de amor incondicional. ¿La de los niños es igual?

En el caso de mis hijos, sí. Cada uno cuenta con sus favoritos.

 

De tal palo, tales astillas…

¡Claro! Ray adora disfrazarse de pies a cabeza y, según cómo vaya ese día, así serán los zapatos. Por ejemplo, botas militares para su outfit de camuflaje o mocasines si imita a Michael Jackson. Rio se pierde por Spider-Man y su color predilecto es el rojo, por lo que más de la mitad de su zapatero es en ese tono. Y a Ike, el mediano, le encanta ir por ahí descalzo.

 

El sentido del humor es un must en tu vida y en tus diseños. ¿Qué es lo que más te hace reír a carcajada limpia?

Mis cuatro hijos constantemente, cada día. Incluso, cuando hay algo de lo que se supone que no debería hacerlo, me desternillo.

 

¿Cómo es que no seguiste los pasos de tu madre, que fue modelo?

¿Como mi hermana Alice? Ella era la que estaba destinada a serlo en la familia. Solía vestirla cuando éramos unas niñas. De alguna forma, ya trabajaba como maniquí para mí (risas).

 

Entonces, ¿cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a la moda?

Siendo bastante joven, con siete años. En los 80, cuando iba con mi madre a los desfiles –aunque a mí me enloquecía más el backstage– y, luego, veíamos películas de los 50 en blanco y negro. Hasta tal punto me obsesionaban las estrellas de esa época, que fui vestida de Marilyn Monroe a una de mis primeras fiestas de disfraces.

 

Y te entusiasman las pin-ups de los 40.

Sí. Mi abuela Zehava era de esa década y mis ondas y labios rojos son un homenaje a su estilo.

 

Sin duda, tu estilo es propio de esa época. ¿Qué crees que significa el glamour el día de hoy?

Es lo mismo hoy que hace 60 años. Ten en cuenta que el glamour no se creó ayer. Hace referencia a todo lo que te rodea y cómo lo trasladas tú a tu terreno personal. Es una actitud, como casi todo en esta vida. No solo se trata de lo que llevas puesto.

 

¿Se puede saber qué diseñador de zapatos te ha inspirado a lo largo de tu carrera?

Salvatore Ferragamo. Sin pensarlo. Sobre todo, por dos motivos muy concretos: por su impactante y brillante proceso creativo y por su indiscutible belleza, que procede de una era que adoro con todas mis fuerzas. Su uso de los materiales, cómo combinaba los colores cual alquimista…

 

Uno de tus diseños es un tributo al cine negro: los Kitty Flats, por los que suspiran grandes y pequeños. ¿Cómo surgió la idea de poner la cara de un gato a unas bailarinas?

Sucedió con la colección de otoño de 2011, To Die For, inspirada en Agatha Christie. Tenía la intención de diseñar un zapato masculino de los años 20 con un twist femenino. Así que pensé en un cruce entre una zapatilla de ballet y un slipper de esmoquin. Al remarcar el empeine por los lados, salieron unos picos que simulaban las orejas de un gato y decidí poner la cara del felino en lugar del clásico anagrama.

 

Tus zapatos son piezas artísticas con pinceladas surrealistas. Siento curiosidad por cómo están decoradas las paredes de tu casa...

¡Somos auténticos coleccionistas! Nos apasionan los objetos, verlos, acumularlos. Encontrarías mucha fotografía de moda, desde Guy Bourdin y Horst, hasta talentos emergentes, estilo Andy Dixon.

 

¿Qué importancia das a las imágenes?

Como fuente de inspiración y como recuerdo, son claves. Crecí rodeada de fotos. Mi padre me enseñó a apreciar este arte... También te toparías con un traje de Versace por Andy Warhol, las pin-ups de mi amiga Amanda Fatherazi, el mural de Boyarde sobre el libro infantil ‘Donde viven los monstruos’ y nuestros retratos por Emma Woollard. Y, camuflados entre esas piezas, los dibujos de mis hijos, verdaderas joyas.

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