EL PODER DE LAS SOMBRAS

July 29, 2019

Creció rodeada de pinceles, lleva más de 25 años en la industria de la cosmética y hace menos de un año que recibió la Orden del Imperio Británico. Ella es la maquilladora de las celebrities, Charlotte Tilbury.

 

por Claudia Sáiz

 

 

La aparentemente infinita dedicación de esta ya leyenda del maquillaje a su trabajo es de sobra conocida en el mundo de la moda, pero, incluso para ella, los últimos cinco años han sido una vorágine. Cierto que se encuentra en la cúspide de su carrera, tras más de 25 años en el negocio de la belleza, durante los cuales ha trabajado con algunas de las mayores estrellas del cine y la moda, incluyendo a Penélope Cruz, Jennifer Lopez, Rihanna, las ya mencionadas Miller y la señora de Clooney -que contó con ella para todos los maquillajes que lució en la semana que duró la fastuosa celebración de su enlace en Venecia- y Kate Moss, que es una amiga íntima. Colabora con asiduidad con fotógrafos de la talla de Mert & Marcus o Mario Testino y Tom Ford, Christopher Bailey y Stella McCartney la solicitan para sus mayores campañas, amén de asistir como fieles invitados a las legendarias fiestas que, dos veces al año, la maquilladora organiza en su casa. Sus rojizos mechones prerrafaelistas, sus ojos ahumados, sus curvas vestidas de Azzedine Alaïa, su predisposición a llamar “cariiiño” a todo el mundo, una energía que la empuja a ser la última en acostarse, pero la primera en levantarse, y una risa que bordea lo obsceno consiguen que Charlotte Tilbury (Londres, 1973) destaque en cualquier lugar. Y ahora, con 46 años, ha logrado que el sueño que ha tenido toda su vida, crear su propia línea internacional de cosméticos, se haya hecho realidad, en 2013, siguiendo la estela de Estée Lauder, el icono de la belleza que ha sido su mayor inspiración: «Como tengo las pestañas rubias, la primera vez que me las maquillé vi que mi mirada cambiaba radicalmente. Ese día me di cuenta del poder de transformación que tiene el maquillaje y decidí que, de mayor, quería ser make-up artist».

 

Fue al internado en Gran Bretaña, pero se crió en Ibiza, y la isla sigue ocupando el centro de su creatividad. Cualquiera que la conozca también sabrá de sus bohemios progenitores, Lance Tilbury, artista, y Patsy Dodd, cuyo trabajo en la producción de sesiones de fotos fue el primer contacto de la joven Charlotte con la industria. Esa cercana relación paterno-filial es la que hace que Charlotte Tilbury Inc. sea un negocio familiar: «Mis padres han ejercido una inmensa influencia sobre mí y, además, crecí en Ibiza, rodeada de artistas, escritores, músicos y actores, por lo que siempre supe que yo también quería hacer algo creativo», dice, y continúa. «Mi madre me presentó a la maquilladora Mary Greenwell y eso fue todo: lo supe desde ese momento. Me matriculé en la Glauca Rossi School of Make Up y después me convertí en asistente de la propia Mary durante los años 90. Todo ocurrió durante aquella época mágica de las supermodelos que supieron sacar provecho del arte de las peluqueras y maquilladoras».

 

 

Charlotte es una mujer que aprecia a las mujeres, que cree en el maquillaje como algo que puede transformarlas y darles fuerza. Sin duda alguna, su última colección, bautizada como The Icons, es una de las líneas más atrevidas que ha hecho desde sus inicios, cuando en 2013 su sueño se hizo realidad al crear Charlotte Tilbury como su firma de belleza. Inspirada por la cultura pop y en honor al rebelde maquillaje de personalidades que, hoy en día, continúan siendo fuente de fijación para el mundo de la belleza: desde Cleopatra, con su característico delineador de ojos en jade verde, hasta el excéntrico azul cobalto del álter ego de David Bowie, o los seductores y jugosos labios rojos de la actriz Marilyn Monroe. Pero lo cierto es que aunque lleva cinco años con su etiqueta homónima, la maquilladora acumula dos décadas en la industria. Cuando era pequeña, en lugar de dulces y golosinas, Tilbury guardaba en su baúl un gran repertorio de productos de maquillaje: «Siempre quise compartir el poder del maquillaje y enseñar a todo el mundo cómo llegar a ser la mejor versión de uno mismo en cada día de su vida. Tuve suerte de trabajar con marcas increíbles, como Tom Ford o Helena Rubinstein, pero siempre quise crear mi propia revolución en el mercado, que fuese fácil de usar, fácil de escoger y fácil de entender». Y aunque no por arte de magia, sino a base de sacrificio, vocación y esfuerzo, Tilbury lo consiguió. De hecho, el pasado mes de noviembre recibió el galardón de la Orden del Imperio Británico: «El día que lo recibí fue uno de los momentos más memorables y mágicos de mi vida. Estoy muy orgullosa de ser británica y de ser una mujer emprendedora. Es increíble poder usar mi fuerza, pasión e inspiración para empoderar a otros». Tanto es así que al preguntarle si se cansará algún día de continuar creando, responde con un entusiasta y rotundo: «¡Nunca, darling! Esta es mi pasión y mi sueño. Seguiré haciéndolo realidad, porque cada día me levanto con una misión y vivo mi vida siguiendo los mensajes positivos de mis mantras que me dicen cada mañana: ‘Atrévete a soñarlo, atrévete a creerlo, atrévete a hacerlo’. Es hora de cargar nuestros poderes». El suyo se percibe infinito.

 

Asegura no parar en su camino y, a pesar de ser la maquilladora por excelencia de las celebrities -Kate Moss, Sienna Miller o Cindy Crawford son parte de su lista de amigas-, hay una persona que por el momento se le resiste. Pero ella no renuncia. En su lista de deseos se encuentra, nada menos, que llegar a maquillar a uno de los -también- íconos de moda y belleza más valorados del mundo: la reina de Inglaterra. «Es una de las mujeres más inspiradoras, increíbles, graciosas y valientes. Me encantaría maquillarla algún día. ¡Ese es otro de mis sueños!», revela. Su firma está en alza continuamente, y no es de extrañar que lo que ahora es una aspiración llegue a ser algún día realidad. Puede o no que sea con la paleta de The Icons -«la colección está pensada para llevar en el día a día, para una cita, para ser una diva en la alfombra roja o para ser la estrella de la discoteca»-, pero aún queda mucho recorrido y la maquilladora tiene para largo. Para una amante de la belleza como ella, un buen maquillaje ayuda a conquistar el mundo: «Si te ves bien, te sientes bien, más segura y el mundo te recibe con positividad. Yo lo llamo la psicología del maquillaje». El mensaje de Tilbury es claro. Como diría el mismísimo Bowie, con The Icons, también «nosotros podemos ser héroes».

 

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