KATE SPADE: LARGA VIDA EN COLORAMA

August 7, 2018

La diseñadora norteamericana Kate Spade levantó un emporio marcado por el mix de estampados y ese aire preppy propio del Upper East Side neoyorquino, y significó el papel del bolso entre las mujeres. Ahora el mundo de la moda llora su desaparición.

 

Por Claudia Sáiz

 

 

“No solo era un tremendo talento que convirtió una idea de lo que podían ser los bolsos en una marca millonaria, sino también una figura decisiva en la tradición de mujeres que han definido la moda en Estados Unidos. Diseñadoras que pensaron en lo que otras mujeres (como ella) querían tener en sus clósets (y más tarde, sus casas) y que también resolvieron esa cuestión sin caer en el elitismo”. Entre las personas que en las primeras horas lamentaron la muerte por suicidio de la creadora Kate Spade, el martes 5 de junio, destaca la influyente periodista de The New York Times Vanessa Friedman, como se demuestra con esas palabras que publicó en un artículo en el periódico recordando su decisiva contribución al mundo de la moda.

Y es que la industria vuelve a llorar otra muerte inesperada. La diseñadora de accesorios falleció a los 55 años en su departamento neoyorquino de Park Avenue. Menos de dos décadas fueron suficientes para que este genio del color y los estampados en complementos dejara la carrera de Periodismo –por aquel entonces era la editora en la sección accesorios de la revista Mademoiselle–, y se adentrara de forma casual en el mundo de la moda. ¿El motivo? Fundar, junto con su marido, al que conoció cuando estudiaban en la Universidad de Arizona, una de las firmas norteamericanas más representativas y revolucionarias en su momento: Kate Spade. En ella supo trasladar con maestría su pasión por este universo primero con la creación de bolsos, hasta incluir colecciones de ropa y forjar su marca homónima que vendió en 2007. En 1993, Kate y su pareja, Andy Spade, invirtieron casi medio millón de dólares en un proyecto que después la haría conocida en todo el mundo: sus emblemáticos bolsos cuadrados. “Funcionales, pero sofisticados y con estilo”, tal y como esta mujer nacida en Kansas (Missouri) los definió en 1999, se convirtieron en un objeto codiciado por miles de mujeres, que hicieron de su compra un rito de paso a la madurez. En poco tiempo, la firma Kate Spade ya contaba con 140 tiendas en Estados Unidos y más de 170 a nivel mundial, y además ya había dado el salto a diseñar ropa y otros complementos. ¿Su sello de identidad? El uso del color: vivos, fluorescentes y con mucho brillo. Y la combinación de estampados. Lunares, animales, rayas… No había límite.

 

 

Más allá del contexto del gremio de la moda, Friedman concede, a su vez, una relevancia cultural a Spade que la eleva a un icono, comparándola con neoyorquinas ilustres, como la escritora Dorothy Parker y la dramaturga, novelista y cineasta Nora Ehpron, o heroínas de la Gran Manzana como Nora Charles, creación de Dashiell Hammett a imagen y semejanza de la autora Lillian Hellman, o Holly Golightly, la devoradora de croissants de ‘Desayuno con diamantes’. “Quizá sea más representativo pensar en ella como heredera natural de Bonnie Cashin, Anne Klein y Liz Claiborne, y predecesora de Tory Burch y Jenna Lyons, por no hablar de Stacey Bendet o Alice & Olivia. Identificó el incipiente boom de los accesorios, una burbuja en la que seguimos inmersos hoy, y extendió su modelo de éxito en todo tipo de sectores en los que el genio de una diseñadora tuviera algo que reclamar. Ahora parece una estrategia sumamente obvia, pero cuando Kate Spade lo hizo era un terreno todavía por explorar”. Ella también fue una de las primeras en no utilizar pieles para sus bolsos, algo que la sociedad todavía no demandaba y estaba lejos de ser una llamativa tendencia. Ahora parece una decisión totalement natural, pero en su momento algunos lo interpretaron como un abaratamiento de su producto, sin ver que se trataba de una cuestión ética, una apuesta por un modelo justo y sostenible.

Tras un período sabático, la venta de gran parte de su compañía al grupo empresarial Neiman Marcus, y siete años más tarde, a Liz Claiborne, y un regreso en 2016 con una nueva compañía, Frances Valentine, como el nombre de su hija de 13 años Frances Beatrix y que ella misma adoptó Valentine como segundo nombre como una muestra de compromiso con la marca, Kate Valentine Spade parecía haber regresado con energías renovadas. También con una serie de causas solidarias con las que quería devolver a la sociedad lo que había recibido. En una de sus últimas apariciones públicas, el 28 de abril, en Nueva York, junto a su marido Andy, habló de su nueva línea y los proyectos que afrontaban con mucha ilusión. A diferencia de muchos diseñadores, ella pudo aportar su visión personal de la moda.

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