MARIANA DI GIROLAMO

November 13, 2019

Viene llegando de los festivales más reconocidos; caminó con su pelo corto y looks pomposos alfombras rojas de categoría y fue la cara de un rol aplaudido con ovación. Hoy su carrera mira un futuro mucho más brillante que el platinado que llevó Ema, su alter ego en la última película del cineasta chileno Pablo Larraín. Junto a Gael García y al ritmo del reggaetón, Mariana dejó en claro que es mucho, muchísimo más que Di Girolamo.

 

fotografía Carlos Saavedra 

edición de moda Roberto Torres

texto Bernardita Braun

 

 

Llevar un apellido como el suyo no es nada fácil. Por todos lados se escucha un Di Girolamo destacado. ¿Pero qué importan los apellidos cuando Mariana es única y vive el mejor momento de su carrera profesional? Imposible esquivar su belleza, aunque entre al estudio a paso lento, como un escolar confundido en su primer día de clases: buzo, polerón, zapatillas y con pelo muy a la garcon, camina algo desgarbada, casi entregada a pasar un día entero en la piel de su nuevo personaje, Verónica, en un formato de cine más experimental, dirigida por Leonardo Medel. Mientras se va transformando en esa mujer sufrida y ahogada en drama, descubrimos algo más que el translúcido lunar que se asoma tímido bajo su ojo derecho. Mariana Di Girolamo es una inconformista, pero no en el sentido textual de la palabra. Conformarse tiene que ver con resignación. Y ella, a sus 29 años, jamás se ha ajustado a una situación que no la seduzca. Corajuda, su valentía no es simplemente el corte de pelo que tanto incomodó a algunos chilenos. Tampoco el haber dejado la carrera de Obstetricia a medio camino y decidirse por la actuación. Tiene que ver más bien con la madurez de poseer una voz propia y vivaz, aun viniendo de un mundo mucho más próximo al conservadurismo que a la marcha callejera; a los dogmas religiosos que a una fe sin culpas. 

 

La sangre italiana fluye rauda en un mal genio confeso. A veces Mariana explota por nada; otras, como reacción innata a una provocación o a una siesta interrumpida. Pero es de esas personas que lloran poco. Debe ser genial verla reunida junto a sus otros tres hermanos y sus padres, en una comunión de risas, cuerdas vocales graves y harta bulla. Ella no levanta la voz, pero cada palabra que sale de su boca devela un maravilloso, casi envidiable poder. Mariana necesita concentración antes de enfrentarse a un periodista, más aún cuando le ha tocado defender una idea o simplemente defenderse de los prejuicios por su juventud, su talento o esa palabra tan chilena: el pituto. Mantenerse estoica ante la fama inminente y la pérdida de privacidad no es un camino fácil para nadie. Ella no es la excepción. 

De silueta menuda, su mirada está poblada de unas pestañas y cejas abrumadoras, y es profunda. Como su voz, ronca y pareja, cada frase parece un mantra de confianza, inteligencia y autocontrol. 

 

 

Tiene algo a Michelle Williams, ya se lo habían dicho, y un carisma que quizás supere al de la norteamericana. Por algo en un puñado de años su talento no pasa inadvertido y su interpretación de Ema en la película de Larraín ha encantado. Conmovedora y cruda.

Recién llegada de Venecia, el icónico festival de cine, no se las da de diva, pero tiene menos tiempo libre que cualquier actriz consagrada en Hollywood. No le atrae ninguna serie de Netflix, no tiene tiempo para leer. Sí, para volver al origen, a su círculo más íntimo y a memorizar el guion de su próxima película, o peli, como le dice ella. También para saborear el éxito que la acompaña flotando en las aguas de una playa en San Sebastián, ciudad donde Ema también la puso en la eximia lupa de la crítica internacional.

Mariana Di Girolamo se sintió cómoda apenas se miró al espejo con el pelo decolorado de Ema. No le importó que se lo cortaran, sí el daño que el platinado dejó a su paso. Pero hay un mundo intenso en el argumento del filme, un peso radical en la historia y un escenario lleno de contrastes en las calles de Valparaíso que contribuyeron a su fabulosa interpretación. La nieta de Claudio y sobrina de Claudia se preparó para esta, y dio forma a una Ema disconforme, que busca su yo libre en medio del reggaetón, la culpa y un drama que penetra mucho más que la piromanía que lleva impreso ese rol. 

Con el pelo al ras y en su color natural, vestida perfecta de Alberta Ferretti, Mariana sacó aplauso cerrado en su estreno durante el Festival de Cine de Venecia, la primera parada internacional de una película controversial y dramática, y, sin duda, el punto de inflexión de una carrera que, sabemos, ya entró a otras ligas.

 

En Ema representas a una bailarina, ¿cómo fue la preparación de tu rol y qué rescatas de ella?

Fue maravilloso, porque tenía súper abandonado el cuerpo, no estaba haciendo nada de deporte, estaba con una pésima postura, y es muy bonito como trabaja la compañía del José Vidal, que fue con el que entrenamos la coreo o la pieza que aprendimos… El equipo fue muy generoso y trabaja mucho desde la impro.

 

¿Y a ti te resulta improvisar?

No, para nada, ni en la actuación, ni en el baile. A mí no se me da fácil.

 

¿Cómo fueron los días antes de partir a presentar Ema en el extranjero?

Los días previos estaba muy nerviosa, bajé de peso, entrenamos mucho con Fábula para responder bien coherentes las entrevistas y tener claro el panorama de la película, estaba grabando la teleserie y cuando viajé sentí una neopaz. Había mucha gente en Chile acompañándonos… Yo tenía derecho al nerviosismo, a sentirme libre de expresar lo que saliera; era nueva en esto, puedo sonreír, puedo no saber qué decir… 

 

¿Cuáles fueron los consejos que te dieron antes de partir?

Que disfrutara, que sonriera, que aprovechara cada segundo, que lo pasara bien.

 

 

¿Pudiste conectarte con lo que estabas viviendo durante ese momento preciso en Venecia, mientras caminabas por esa icónica alfombra roja?

La conexión fue posterior, porque fue mucha información en poco tiempo: muchas entrevistas el día antes, a la mañana siguiente también… Más que la alfombra es haber estado sentada en esa sala de cine gigante y maravillosa con Pablo a un lado, Gael al otro… Cuando faltaban 15 minutos para que terminara la película, tenía demasiada incertidumbre, porque es un público muy serio, no como el de Toronto, y no sabía cuál sería su reacción. Hubo un silencio, después una ovación de pie, ese momento va a quedar en mí para toda la vida.

 

Si te digo Hollywood, ¿qué piensas?

Se me hace muy lejano, Hollywood lo asocio a glamour, a superestrellas, el Paseo de la Fama.

 

Si tuvieras que definir este momento que vives en una palabra, ¿cuál sería la que mejor lo representa??

En inglés sería overwhelmed y creo que su traducción sería excitada.

 

Tu próximo sueño, ¿cuál sería?

Quiero hacer otra película increíble, no sé dónde, no sé con quién, me gustaría dedicarme al cine, al mundo audiovisual y al teatro, porque lo necesito. Mi sueño es trabajar con algunos directores de afuera, como los Cohen, Wes Anderson o Tarantino.

 

producción de moda Stephan Lorca

belleza María Paz Urra con YSL & Schwarzkopf

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