OBJETOS POÉTICOS DE HERMÈS

August 16, 2018

Los materiales nobles que se desechan en los talleres de la casa francesa viven su segunda oportunidad en Petit h, el sueño eco de Pascale Mussard.

 

 

Por Claudia Sáiz

 

De repente, como si de un grito de guerra se tratase, en la casa se escuchaba: “¡No tires eso, seguro que algún día nos servirá!”. Era la pequeña Pascale Mussard que increpaba a cualquiera que se atreviese a desechar algo. “Detesto desperdiciar, no puedo soportar que se tiren las cosas”, asegura quien cambió los parques infantiles –su tío es Jean-Louis Dumas, dueño de la casa francesa–, por los talleres de Hermès en la parisina Rue du Faubourg Saint-Honoré. Y fue justo allí, mientras observaba a los peleteros trabajar y a las costureras coser los guantes de los clientes, donde dio rienda suelta a su pasión por recoger y guardar los retales que encontraba en el suelo, los materiales abandonados en las mesas, las hebillas desamparadas en los rincones... Miembro de la sexta generación de la familia Hermès, conversar con Mussard es como leer un hermoso libro de cuentos. Tiene tantas historias para contar, y lo hace de una manera tan sensible que, escuchándola, uno pierde la noción del tiempo. Hay una anécdota que recuerda entre carcajadas: al finalizar una presentación de la firma, los invitados la descubrieron rebuscando entre la basura para recuperar las invitaciones. Lejos de sufrir el síndrome de Diógenes o un trastorno obsesivo compulsivo como muchos diagnosticarían, Pascale ve una segunda oportunidad en todo aquello que se desecha.

 

 

Cuando en la fábrica observaba los trozos de piel que se rechazaban sin miramientos antes de la producción, ella se hacía un sinfín de preguntas: ¿Qué hacer con todos esos materiales que no servirán para confeccionar los objetos para los que estaban destinados?, ¿por qué no usarlos de forma diferente, reinventarlos, imprimirles un nuevo uso? Su idea de recuperar parte de tanto material condenado era bien conocida entre los integrantes de Hermès. De hecho, Pascale ha pasado por prácticamente todos los departamentos de la compañía y en menos de tres décadas se ha ganado un lugar con su defensa del principio básico de la maison: fabricar objetos que se pueden reparar. De modo que un buen día decidió dar forma a estas cuestiones y reorientar su obsesión por el reciclaje. ¿Cómo? Creando un taller dentro de la casa francesa, a modo de laboratorio de ideas, dedicado a rescatar pieles, sedas, metales, cristales y cerámicas que, por presentar pequeños detalles o no cumplir con los elevados estándares de calidad de la firma, se marcaban con una equis. Y así, en 2010, nació Petit h, hermana pequeña de la grande H (en el argot familiar), que invita regularmente a distintos artistas (ya han colaborado el fotógrafo Hiroshi Sugimoto y el guitarrista Eric Clapton, entre otros) para que imaginen objetos a partir de materiales defectuosos, que posteriormente se convierten en piezas únicas con la complicidad de excelentes marroquineros, artesanos del cristal y de la porcelana, costureros y orfebres. Luego estos objetos pasan a formar parte de una colección itinerante que viaja por diferentes ciudades para instalarse de manera efímera en un corner de alguna de las exclusivas tiendas de Hermès, donde los más afortunados pueden hacerse con uno de ellos. La boutique de la casa en la Rue de Sèvres parisina es la única que tiene un verdadero rincón imperdible.

 

 

Pascale comenzó a crear su bebé visitando los ateliers de Hermès, donde recuperó mucha materia prima en el olvido. “Había que ver la reacción de nuestros artesanos sacando de los cajones trozos de cuero, de seda, ribetes... que guardaban desde hacía años y que nunca se habían decidido a tirar. Me los confiaban convencidos de que estaba realizando una buena acción”, comenta. Lo que sucede es que la casa ha hecho del control de calidad del producto toda una religión. El proceso artesanal de Hermès es puro lujo: en la realización de un pañuelo se necesitan nada menos que 300 personas para la búsqueda de sedas nobles, la selección posterior, el tratamiento, estampado... Pero, de repente, durante ese laborioso proceso, encuentran una insignificante mancha de tinta en la seda seleccionada. Mientras que para los artesanos de Hermès este suceso es la ruina, los de Petit h ven en él un enorme abanico de posibilidades creativas. Lo mismo sucede con las pieles de cocodrilo mal teñidas o con las tazas de porcelana descascarilladas.

 

Es entonces cuando la maquinaria se pone en marcha. Bajo la batuta de Pascale, estos magos de la aguja y el dedal, convierten los materiales en Objets Poétiques Non Identifiés (objetos poéticos no identificados), Opnis, como los han bautizado cariñosamente. “Son creaciones sorprendentes que pueden aportar un toque de humor a nuestra rutina”, asegura. Los carrés de seda se transforman en almohadones o collares con mil plisados; un jarrón de cristal de Saint-Louis que encierra una burbuja de aire en su asa pasa a ser una lámpara de techo; una piel de cocodrilo que nunca fue un Kelly será un original vaciabolsillos en forma de avión, y un trozo de piel demasiado turquesa puede cubrir una cómoda. En Petit h increíblemente nada se pierde, todo se transforma, y no siempre de forma discreta, como lo demuestra una gran hamaca de madera con cuerdas y ganchos que antes fueron estribos, o los animales de tamaño real como jirafas y cervatillos. Comparada con la Casa Hermès, Petit h es la perfección de lo imperfecto, la capacidad de ver más allá de la primera función de un objeto. Eso sí, lo que hacen en la casa siempre tiene que ser excelente en términos de calidad, pero también de funcionalidad. Ha de tener significado. Como sentencia Mussard: “Queremos hacer juegos, no juguetes”.

 

Please reload

  • White Facebook Icon
  • White Instagram Icon

ISSUE

SANTIAGO, CHILE © COPYRIGHT  |  2020