PERFIL: MANUEL SANTELICES

October 4, 2018

 

Su currículum no es breve: colaboró en las versiones españolas de ELLE, Harper’s Bazaar, Esquire, GQ y Grazia. Por 10 años fue editor para Nueva York de Ocean Drive y actualmente es editor internacional de Cosas. Vive en Brooklyn, le fascina leer, dibujar, recorrer galerías y museos. Le encantan los trajes de algodón en el verano con t-shirts, los sweatshirts y las zapatillas Converse Comme des Garçons. Hoy, le pedimos un desafío: una autoentrevista. Y aceptó, revelando detalles de su extensa carrera como periodista de moda e ilustrador.

 

Por Manuel Santelices

Fotografía Ursula Madariag

 

¿Por qué te dedicaste al periodismo?

Básicamente, porque me gustaban el cine y las revistas. En un principio pensé en ser diseñador de moda, pero era una carrera que no existía en Chile, en esa época, claramente. También en estudiar arte, pero me dio susto no ser capaz de sobrevivir como artista. Al final, creo que si sientes pasión por algo encuentras un verdadero camino. Terminé siendo periodista, cubriendo muy a menudo temas fashion, entrevistando a muchos diseñadores, modelos y fotógrafos, y ahora también soy ilustrador.

 

¿Ha sido una carrera satisfactoria?

¡Mucho más de lo que nunca imaginé! He trabajado con todas las revistas que tanto admiraba –Cosas, Vogue, Harper’s Bazaar, Elle, Esquire– y he tenido la oportunidad de conocer gente interesantísima y vivir experiencias increíbles.

 

¿Qué has aprendido del mundo de la moda?

Que cambia constantemente. Que detrás de su aspecto más frívolo, de los egos y las inseguridades, hay siempre un enorme esfuerzo y profesionalismo. Que el talento a veces no es suficiente. Que si un diseñador presta demasiada atención a lo que se dice de él (o ella) y su trabajo, tendrá una vida miserable. Y que es imposible estar permanentemente en el top. 

 

¿Qué ha cambiado en el periodismo de moda desde que comenzaste a trabajar?

Mi carrera como periodista de moda no comenzó realmente hasta que me mudé a Nueva York, en 1992. Las cosas, obviamente, han cambiado bastante desde entonces. Una de las primeras entrevistas que hice fue a Bill Blass. Busqué su número en la guía de teléfonos, lo llamé y contestó, y me citó en su oficina ese mismo día a las cuatro y media de la tarde. Eso sería imposible hoy. Las marcas han creado una barrera gigantesca alrededor de sus talentos –diseñadores, embajadores, modelos y celebridades–, lo que ahora hace el trabajo mucho más difícil y menos satisfactorio. Antes, las entrevistas se hacían por el interés del medio en obtener opiniones del entrevistado y del entrevistado por darlas. Hoy, más que nada, son un ejercicio de relaciones públicas. 

 

 

¿Eso hace imposible una buena entrevista?

No. Hace poco entrevisté a Cara Delevingne por apenas 10 minutos y en la situación menos propicia y, sin embargo, salió bien. 

 

¿Por qué?

Porque es inteligente. No hay nada peor que un entrevistado tonto o aburrido. Con ellos puedes conversar cuatro horas y no obtendrás nada. Una buena entrevista depende, notoriamente, más de las respuestas que de las preguntas.

 

¿A qué periodista admiras?

Creo que el entrevistador que más me ha marcado es Andy Warhol, donde en ‘Interview’ hacía entrevistas que no eran realmente entrevistas, sino conversaciones. Preguntaba cosas como ‘¿qué hiciste anoche?’ o ‘¿dónde guardas tus pieles?’, y la gente decía las cosas más extraordinarias. Aparte de él, Diana Vreeland, por supuesto, que cambió no solo la moda, sino la cultura. Y Cathy Horyn, ex editora de moda de The New York Times y ahora en New York Magazine, que debe ser de las periodistas de ese rubro más independientes que existen. 

 

¿Cuál es el mayor peligro para un periodista de moda?

Creer que merece un tratamiento especial solo porque representa a un medio importante. He visto periodistas quejarse con marcas porque no les envían un auto para asistir a una conferencia de prensa.

 

¿Qué piensas de los influencers?

En cierto modo los admiro, porque estar tomándose selfies todo el día no es el trabajo más difícil, pero por Dios que debe ser aburrido. Más allá de eso, creo que por el momento se han apoderado de la industria, pero es un poder que viene de sus seguidores, básicamente, no de su propio talento o erudición y, por lo mismo, es un poder efímero. En algún momento nos vamos a cansar de ver qué se puso el influencer en la mañana. 

 

 

¿Cuál ha sido tu peor experiencia como periodista?

Cuando entrevisté a Donna Karan para ELLE y en la mitad de la entrevista me quedé en blanco. No sabía de qué estábamos hablando, no sabía qué preguntarle. Me tomó la mano y me dijo ‘it’s ok”. 

 

¿Y la mejor?

Tengo muchas, pero hay dos que recuerdo especialmente: haber hecho las ediciones de modas de revista Cosas en los ‘80 con Marta Montt, que, además de ser un ícono de la moda y la sociedad chilena, era una mujer muy divertida y maravillosa. Y haber entrevistado a casi todos los diseñadores latinos de Nueva York, como Oscar de la Renta, Narciso Rodríguez, Carolina Herrera, María Cornejo, Lázaro Hernández, entre otros, para la edición aniversario de Vogue Latam.

 

¿Por qué te convertiste en ilustrador?

No siento que me convertí, siempre lo he sido. La única diferencia es que ahora lo hago en forma rigurosa y tengo clientes que me pagan.

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