QUÉ CONDUCES: SOLEDAD ONETTO

June 3, 2019

 

Soledad Onetto es una caja de sorpresas. Además de simpática, tiene buen humor, es devota de una copita de vino antes de acostarse, adora a sus mascotas y canta pésimo. Todo lo que hace bordea la perfección.  Y aunque admite varias fallas, lo hace con una naturalidad que sorprende; más humana, por un momento sale del personaje televisivo, ese serio y tan perfecto que uno acostumbra a ver en medios y en redes sociales. Inteligente, amable y dispuesta al juego, el tráfico y la velocidad son parte de su rutina y se mueve por las calles de Santiago en un auto que resultó ser muy parecido a ella. A continuación sabrás por qué. 

 

Por Bernardita Braun

Fotografía Jaime Arrau

 

Ella no es esa mujer que canta tan eufórica Paulina Rubio. La protagonista de esa pegajosa canción tiene un dejo de resentimiento, incluso de rabia. Soledad Onetto no es nada de eso. Más bien reencarna a esa fémina moderna, profesional e independiente, pero tiene ángel e irradia bastante más paz de lo que uno pudiera imaginar. Es perfeccionista, eso parece no ser novedad para nadie que la ve en pantalla, la escucha en la radio o es testigo de su desplante cuando anima un concurrido y libreteado evento. 

Ni el Festival de Viña pudo con ella. Debe ser la única animadora que eclipsó al Halcón de Chile y que nunca pierde los estribos; de las pocas que se inició en esto de dar la opinión en los albores del Twitter y que hoy, sumando y sumando, tiene casi dos millones de seguidores en esa red social, además de sus 224 mil de Instagram y 17 mil que tiene en Facebook.

 

 

¿Hay algo de Soledad Onetto que no sepa el resto de los mortales? Mucho. A ella sí le gusta la cancioncita de Rubio. No solo la cantó a viva voz al frente de nuestro equipo, también movió su menuda silueta y declaró que le fascina la música y manejar con el volumen bien fuerte; que entre Juan Guaidó y Leopoldo López, se queda con el segundo, aunque asegura no creer que esto sea relevante para él. Es trapera asumida y al preguntarle por el tamaño de su clóset, se limita a contestar en plural. Porque Soledad Onetto no tiene un clóset, tiene varios. La confesión abierta solo hace empatizar con ella, como un acto voluntario de solidaridad. Después de todo lo que trabaja, de todo lo que se prepara para cada entrevista, de acostarse tan tarde en la semana y aún tener tiempo para contestar amablemente por las redes, contrapreguntar en una difícil jornada noticiosa o intuir cuando un entrevistado le está mintiendo descaradamente, se debe a sí misma una recompensa. Y la suya parte por los pies. Le fascinan los zapatos, de esos tacos aguja que duelen de mirarlos. “Yo nací con tacos”, afirma. Y con ellos corre en todo lo que el sentido de la palabra correr pueda admitir sin excepciones.

 

Soledad maneja rápido y se mueve rápido por la vida. Certera, hoy va al volante de un auto cuyo símbolo también tiene mucho de ella. Una firma que predica la elegancia en modelos regiamente llevados por el gentleman de toda la vida, con la buena fama a cuestas de ser inglés. El espíritu british se fusiona con el pragmatismo de Soledad Onetto y resulta paradójico, pero en sus manos esta firma se ve mucho más femenina de lo que alguna vez imaginamos. Diríamos que ha adquirido, poderosamente, parte de su personalidad. 

 

 

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