¡UN TRIBUTO A GIANNI!

July 30, 2018

Reina del glamour italiano, extravagante, barroca y con carácter, Donatella Versace ha convertido, luego de 20 años de la muerte de su hermano, en leyenda la casa creada por Gianni, llevándola al Olimpo de la moda. Porque ella es grande.

 

Por: Claudia Sáiz

 

 

Extrarrubia, extravagante, excéntrica, excesiva… Sí, y también excelente en su papel de continuadora de un imperio textil. Versace es una oda a la extravagancia, la opulencia, la sensualidad, la provocación. Pero, sobre todo, es una crítica mordaza al tedio. «No temas ser vulgar, teme solo ser aburrida», decía Diana Vreeland. Y Donatella parece haber seguido al pie de la letra el consejo de la legendaria editora. «Prefiero el exceso a la discreción», comenta. Incluso, su imagen es barroca, a veces teatral. «La moda es un arma que puedes usar cuando la necesitas. Imagino que al verme algunos pueden pensar que soy una mujer dura, pero cara a cara soy muy distinta». La diseñadora, de 63 años, tiene una voz ronca y un acento que se diría más eslavo que italiano. Cuando está de broma, algo bastante frecuente, imprime a su dicción un deje falso y algo indolente. Todo en ella es excesivo: el físico, la actitud, su acento. Diva por naturaleza, se ha convertido en un emblema de la cultura pop, una especie de gemela de Lady Gaga, una de sus mejores amigas junto con Madonna. 

Conocerla es un ritual revelador para entender la naturaleza barroca de la casa y su resurgir actual. Hace tiempo que dejó de ser la hermana pequeña de Gianni, su musa y su mano derecha, para convertirse en la esencia de la mujer, e incluso del hombre, Versace. Asumió las riendas de la empresa familiar en 1997, tras el asesinato del diseñador en Miami. «Tras su muerte, aún no sé de dónde saqué la energía. Pensé en Gianni, en mis hijos y en todos los empleados de la casa Versace que no podía dejar abandonados. En fin, no podía acobardarme. El rey había muerto, pero ningún reino debe seguir sin un soberano si no quiere morir en la sombra. Con el tiempo me di cuenta de que con mucho amor y voluntad se llegan a realizar muchas cosas». En los 20 años al frente de la dirección creativa ha sabido sortear los altos y bajos de la industria, reinventarse y levantarse más fuerte. Ella es ahora la soberana. Porque más allá de corrientes normcore, dentro y fuera del escenario, el público y artistas reclaman prendas que griten fuerza y sexualidad. Porque ella y su Casa de la Medusa representan la esencia de lo que significa Versace hoy. 

 

 

«He puesto el contador a cero más de una vez en la vida. Después de que Gianni muriese y yo me hiciera cargo de la empresa, cometí un montón de errores», confiesa aludiendo a un período de lucha personal en el que no faltó una adicción a las drogas y el fracaso en la recepción de una colección de trajes de dos piezas en tonos pastel. «Y entonces encontré mi propia voz. ¿Pero fue suficiente con hallar mi voz? –se pregunta. No, no lo fue. Me ha llevado mi tiempo encontrar el instante justo para emprender un gran cambio. El valor fundamental que me ha dejado Gianni como legado es la honestidad». 

El gran cambio al que se refiere en parte es la última colección primavera-verano 2018, donde rinde tributo al aniversario número 20 de la desaparición de Gianni, con críticas unánimes y entusiastas, y hasta lágrimas de admiración entre los asistentes del front row. Y lo ha hecho al estilo de la casa Versace: por todo lo alto. Presentando una colección que reinterpreta algunas de las prendas con las que el creador italiano definió la moda de los 90. Un acontecimiento emocionante e irrepetible. El fenómeno viral de la temporada. También una declaración de intenciones: Versace sigue siendo grande. Muy grande. Conserva su relevancia en la industria del lujo, en contra de los que auguraban su final y gracias a la habilidad de Donatella para conectar con las nuevas generaciones y reinventarse una y otra vez. Una emotiva conmemoración que la directora creativa de la casa ha ideado a través de prendas y accesorios con estampados barrocos y pop, mallas de metal o guiños a los tesoros del mar inspirados en la historia de la firma. Como ella dice: «¡No se le puede honrar sin recordar estos elementos que él amaba! Regresé a los archivos, escogí varios prints y los adapté a los nuevos tiempos. Su legado es muy rico e importante para nosotros, pero hay que revisitarlo con el fin de construir para las generaciones actuales. Yo diseño con un ojo en el pasado, el otro puesto en el futuro y los pies en el presente». Ahí estaba su legado de moda masculina sobre la pasarela: las camisas estampadas de seda; los vaqueros de colores, los blancos y los azules lavados; las botas de cuero; los trajes de colores y con hasta cuatro botones en la americana; los mitones, las tachuelas y las hebillas; las levitas de cuero. «¿Cómo trabajo con mi equipo? Información y discusión son las palabras maestras en nuestra empresa. Hablo mucho con ellos, no paramos de intercambiar ideas, conceptos». Para la diseñadora, esbozar los trazos de un imaginario instigador de deseo es casi un ejercicio instintivo. «No es algo consciente, me sale de una manera natural. Al fin y al cabo, el sexo forma parte de la vida, como comer o respirar. Un diseño sexy no solo dice ‘quiero sexo’, también expresa valor y coraje: ‘Aquí estoy yo, y vas a tener que enfrentarte conmigo’». 

 

 

Donatella creció en Calabria, en el sur de Italia, junto al mar. Allí su vida era «relajada, discreta, familiar». Aunque la moda siempre estuvo latente. Su madre era costurera y, de niña, ella jugaba a ocultarse en el taller para observar con admiración cómo las clientas se probaban los diseños que las modistas confeccionaban. Luego su hermano Gianni -10 años mayor- la convirtió en su musa y crítica. «La tradición está en mis venas. Me llamo Versace. Todo lo que hago es Versace, y siempre tendrá los códigos y el ADN de la casa –argumenta. Sin embargo, me obsesiona el futuro. Soy impaciente. Me aburro rápido cuando hablo del pasado. No se trata de pensar en el presente, sino de mirar más allá, pero sin olvidar ni traicionar nuestras raíces». Sobrevivir al diseñador la ha convertido en una superviviente. En lo personal y en lo empresarial. La firma celebra cuatro décadas sobre la pasarela, y la última mitad de su historia, la liderada por Donatella, demuestra que en Versace resistir es vencer. «La gente a veces menosprecia esta industria, e incluso la tacha de frívola y superficial, pero la moda desempeña un papel importante en la sociedad, porque habla a millones de mujeres de todo el mundo, de empoderamiento, de fuerza, de independencia. Siempre ha sido así y siempre lo será», zanja. Ante la pregunta de cómo definiría la imagen de Versace, sentencia: «¡Sensual y glamorosa! Como antes, como mañana, como siempre».

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