VIRGIL ABLOH: A LA CABEZA DE LA MODA

February 15, 2019

Su nombre es sinónimo de cool y sus diseños, tanto al frente de su firma Off-White como la línea masculina de Louis Vuitton, se han convertido en una verdadera necesidad. Así es el diseñador del momento: Virgil Abloh. El que cambia los cánones y rompe barreras.

 

 

Por: Claudia Sáiz

 

No ha pasado por ninguna escuela de moda, arrasa como Dj y es también influencer. A través de su perfil de Instagram tiene pendientes de sus movimientos a casi cuatro millones de seguidores. ¿Su fórmula? Ropa urbana, zapatillas, logos y siluetas oversize. “Siempre he dicho, y defendido, que mi filosofía es encontrar el equilibrio entre el turista y el purista. Hay mucha gente que entiende de diseño gráfico, moda, fotografía, arquitectura, que vive estas disciplinas desde el conocimiento. Hay gente que piensa la moda en sí, pero hay otras personas que simplemente la viven, la disfrutan. Mi objetivo es llegar a ambos, que los dos espacios se encuentren en un punto en común”. En apenas 20 minutos de conversación, Virgil Abloh (Chicago, 1980), adorador de la cultura skate y el hip-hop, responde prácticamente cada pregunta encadenando las respuestas con la que parece ser su muletilla favorita. “Yo, como diseñador, tengo una misión” o “Yo, como diseñador, puedo elegir mi propia aventura” o “Yo, como diseñador, estoy abierto a las críticas”. Este creador estadounidense lo dice con el aplomo del que se sabe que fue sujeto de exhibición en la Gagosian Gallery de Londres y París –en una magnífica colaboración con Takashi Murakami– y una futura retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago. Lo afirma con seguridad quien hace unos meses acaba de ser nombrado como director creativo de la colección masculina de Louis Vuitton. Noticia que se hizo oficial a finales de marzo de este año.

 

“Louis Vuitton, Hermès, Chanel… Las firmas de lujo y las etiquetas nicho deberían estar en sincronía, no son excluyentes. Yo lo que quiero es ser como Karl Lagerfeld, que diseña 18 colecciones a la vez: para Chanel, para Fendi, para su firma homónima…”, concedía por aquel entonces a propósito de su hipotética incorporación a una venerable casa de moda por los rumores que se habían desatado en el corazón de los mentideros de la moda. “Me gustaría saber dónde está el Lagerfeld de las nuevas generaciones”, apostillaba después. Y es que Virgil Abloh es el nuevo mesías del lujo. Y ya no es solo que lo crea él mismo y lo defienda con motivo. “Es increíblemente bueno construyendo puentes entre lo clásico y el zeitgeist del momento”, proclamó Michael Burke, director ejecutivo de Louis Vuitton, al anunciar su fichaje. Un creador que habla el lenguaje de su tiempo para conectar con el consumidor 3.0. “Antes era la moda la que le decía a la gente lo que tenía que llevar. Ahora son los jóvenes los que imponen a la moda lo que quieren”, afirma Abloh, y continúa: “Por eso creo que tengo una responsabilidad social. Con Off-White (su marca) trato de reflejar lo que pasa a mi alrededor, aquello que no está representado política o culturalmente. Esa es mi manera de trabajar, observar lo que hay bajo la superficie. Mi modo de trabajar tiene más que ver con dejar que el producto hable por sí mismo, pero todo lo que hago tiene detrás un significado. Tienes que ver algo interesante, pero también con trasfondo, más allá de la estética, a nivel profundo, tiene que decir algo. Para mí lo más importante es crear objetos que la gente pueda usar, soy nativo de esa forma de pensar”. Como prueba de su éxito ascendente es su mediática y mundialmente famosa pandilla: Beyoncé, las hermanas Hadid, las hermanas Jenner y las hermanas Kardashian, entre otras estrellas rutilantes, que se empeñan en lucir sus diseños.

 

 

Sin embargo, ¿quién es este sabio inquieto de la moda? ¿Y, cómo él, un antiguo estudiante de arquitectura de Rockford, Illinois, logró uno de los mejores trabajos de moda masculina en una de las marcas más distinguidas del mundo? Criado en un hogar de clase media, su educación no fue extraordinaria. Nacido de inmigrantes ghaneses, su madre costurera, su padre gerente de una fábrica de pinturas, le fomentaron su creatividad desde una edad muy temprana: sobre todo ella, responsable de enseñarle los trucos de su oficio. En 2003 se graduó en la Universidad de Wisconsin-Madison con una licenciatura en ingeniería civil, antes de completar su currículum en arquitectura en el Instituto de Tecnología de Illinois. Tras curtirse en las escenas nocturnas de Chicago y Nueva York, Virgil sentó cátedra streetwear desde el minuto uno en que recondujo su carrera como diseñador, en 2002, para ‘conseguir un verdadero impacto’ entre la gente de la que se rodeaba, en especial en cuanto se convirtió en director artístico de Kanye West –juntos lanzaron una etiqueta efímera, Pastelle, y harían un internado, no menos surrealista, de seis meses en la sede romana de Fendi, en 2009–. Más que la moda, su as en la manga siempre ha sido el merchandising, la camiseta de marca personalizada, el jockey de béisbol, la sudadera –pieza fetiche de su primera marca, Pyrex Vision–, de impacto inmediato en Internet. Un medio que, al menos en términos de comunicación, domina como nadie en la industria. 

Sin embargo, lo esencial fue cuando llegó a Milán en 2013 para fundar Off-White, ya que tenía muy claro cuál era su objetivo: “Mi problema es la complacencia, a cualquier escala. Hay mucha gente que dice que yo no debería estar aquí. Pero, ¿qué problema hay? ¿Por qué el mercado del lujo no puede darles voz a los artistas de la calle? Mi proyecto es ser responsable con mi propia historia”. 

 

Abloh es el tercer diseñador afrodescendiente –tras el británico Ozwald Boateng, al frente del hombre Givenchy entre 2003 y 2007, y el francés Olivier Rousteing, creativo de Balmain– en ocupar un puesto de privilegio en la industria de la moda. “Busco crear diálogos y ser inclusivo. Es lo mismo que hacen los millennials, trascendiendo las cuestiones de raza y género”, admite y prosigue. “Puede sonar un poco a cumbayá, pero soy un fiel creyente de las utopías. Aunque también soy consciente de la naturaleza humana y lo que pasa cuando se abusa del poder”. Si le preguntas cómo mantiene la calma en su estudio, tanto en el propio como en el de Louis Vuitton, responde: “Mi puerta siempre está abierta. No hay jerarquía. No la cierro y no hago que la gente pida permiso para entrar. ¿Sabes? Somos un equipo. Resulta que he hecho una serie de cosas que me permiten estar a la cabeza, así que asumo la responsabilidad. Tengo un grupo de chat con mi equipo, copio y pego, envío fotos de cosas que me inspiran, dibujo. No tengo asistente. Es una forma de trabajar nueva. Las ideas fluyen, nadie tiene una tarea concreta”. El creador se ha erigido en el líder de una nueva hornada de genios que, por fin, ha logrado capturar el espíritu del momento. Afirma que el fin de su marca no es vender ropa. “Si solo persigue ese objetivo deja de ser una expresión artística. Esta es mi carrera, el trabajo de mi vida, siempre hay tiempo. Soy un diseñador, hago cosas, esa es mi profesión. Y cualquier cosa que hago me da otro título. Si hago moda soy diseñador, si pongo música soy Dj”. Dando forma a todo, una estética urbana y deportiva que trata de elevar los códigos de la cultura skater y grafitera con dosis de ironía. “Es la raíz del diseño moderno, lo que define a nuestra generación”. Y él está rompiendo barreras y cambiando el tono de la conversación.

 

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